Hola. Me apetece hablar de cosas que he aprendido después de dos años sin hacer un vídeo.

Una Birra con Bor fue una idea que tuve cuando estaba en el hospital hasta las cejas de morfina. La premisa era abrirme una cerveza, encender la cámara y hablar de temas que me parecieran interesantes, sin más pretensión que hacer un rato el imbécil y compartir cosas. Como todas las cosas nuevas, no sabía qué aspecto iba a tener el producto terminado, así que decidí hacer 5 episodios, acumular un cuerpo de trabajo mínimo y decidir entonces si seguía o no.

El primer vídeo hizo gracia por la novedad, el segundo estuvo bien, el tercero fue algo completamente inocuo y el cuarto remontó, porque saqué al gato —y todos sabemos que gatos en internet son una fórmula ganadora. En aquel momento estaba casi decidido a dejarlo estar y dedicarme a hacer ganchillo, pero un poco por la honrilla, hice el quinto. Hablé del Crossfit, que entonces me estaba molando cantidad, y resultó que le gustó a bastante gente que hasta entonces no me conocía de nada y que, de repente, estava interesada en lo que quería contarles.

Pero me diréis:

Bor, tú tienes que hacer las cosas porque te gustan, no porque le gusten a los demás.

Y tendréis toda la razón del mundo, pero que te escuchen sienta muy bien cuando te gusta contar cosas.

Al principio tenía pensado hablar de mis pajas mentales, del sentido de la vida, de movidas que me pasan por la cabeza y de cómo ser la mejor versión de uno. El deporte no estaba en la lista, pero entró al tener un influjo nuevo de público interesado en mazarse; lo vi como una oportunidad cojonuda para crear conversación y compartir cosas interesantes.

Una de las cosas que he aprendido en estos meses es que me gusta agradar, y que si puedo elegir entre hacer algo que me gusta mucho a mí y un poco a los demás, y algo que me gusta un poco a mí y mucho a los demás, sistemáticamente tenderé a hacer la segunda cosa. Así que empecé a hacer cada vez más y más vídeos de Crossfit y a dejar de lado lo demás, porque no sé si os gustaban más, pero se veían más, y eso molaba.

Esto coincidió con una época en la que empecé a lesionarme demasiado a menudo —por borrico, que soy un borrico—, la ilusión ya no estaba ahí y empezaron a interesarme otras cosas. Me estaba molando mucho lo de hacer vídeos y en un momento decidí aprovechar la paz veraniega y hacer un vídeo al día durante 30 días para ver qué tal, para ver cómo me sentía, si me gustaba, si me apetecía, si era para mí. Hice 15, y hasta ahí.

El último vídeo se llamaba «¿Cuál es la mejor cámara de vlogging?». Consistía en una especie de comparativa cutre de cámaras y micrófonos que tenía por casa en la que intentaba entender qué se veía mejor y qué sonaba mejor. O al menos eso era lo que yo creía, porque lo que empezó siendo una comparativa inocente de equipo audiovisual terminó siendo la colleja que me hizo replantearme cómo y por qué hacía las cosas.

Mientras editaba me sorprendí diciendo:

Lo voy a petar entre los vloggers.

Ahí ya paré un momento y me pregunté muy seriamente a mí que cojones me importaba petarlo entre los vloggers o no. Y es que, igual que me habéis dicho antes:

Bor, tú tienes que hacer las cosas porque te gustan, no porque le gusten a los demás.

Para más inri, el vídeo termina con la frase:

Y da igual lo que opinen los demás. Al final lo único que importa es lo que opines tú. Si a ti te hace feliz hacer estas mierdas, hazlas. Al final la única respuesta la tienes tú, y es que si quieres crear, crea. Todo lo demás, son excusas.

(Silencio incómodo)

Darte cuenta de que no tienes nada que decir cuando creías que sí es duro, porque pone en jaque la percepción que tenías de ti mismo hasta ese momento y te hace ver de un sopapo que estás creativamente vacío. Así que dejé de hacer vídeos y me puse a hacer otras cosas.

He reflexionado mucho sobre la inmediatez, sobre la urgencia, la falsa escasez y la cantidad ingente de oferta que tenemos a nuestro alcance. Sobre los motivos de por qué creamos los que creamos, por qué consumimos lo que consumimos y por qué tenemos tanta puta prisa para todo y no sabemos disfrutar de las cosas que tenemos delante. Todavía estoy en ello.

También hemos grabado un disco —Despechos de autor— con mi grupo —Celia es Celíaca— que nos ha llevado un año y medio de curro y del cual no podemos estar más orgulloso. Hemos aprendido una cantidad bárbara de cosas y ahora somos más felices —yo por lo menos.

Hay valor en hacer menos cosas y hacerlas muy muy bien; y consumir menos cosas, pero consumirlas con mimo, de la mejor calidad posible, y porque lo eliges tú. No porque te lo han dicho, o por inercia, o porque se supone que es lo que tienes que hacer, o porque te digan que es una oferta única e irrepetible que te vas a arrepentir de no aprovechar, porque suelen no serlo.

Haced cosas bonitas, y pasadlo bien, y haced lo que os dé la gana sin joder a los demás.

Hala, un besito,

B.

08/08/2019

Últimamente estoy tratando de reconciliar las ideas de disciplina y quererse bien a uno.

Siempre he sido bueno haciendo «lo que es mejor para mí». El truco era utilizar un discurso agresivo, apelar a que la excelencia hay que ganársela sufriendo y ver cómo me convertía en una máquina de matar. Este método —ojo spoilers—, aunque efectivo a corto, termina por minarte la moral y dejarte en la mierda, así que estoy buscando alternativas.

El otro día encontré esta maravilla en el Instagram de Will Smith. Transcribo las partes interesantes:

Creo que disciplina es la definición de amor propio. Que cuando dices que te quieres a ti mismo significa que tus comportamientos hacia ti son cariñosos.

 

«Te quiero demasiado para dejarte hacer eso».

 

Creo que la palabra «disciplina» tiene mala reputación. Pensamos en ella como castigo. Yo hablo de la disciplina en el sentido de privarse de placeres inmediatos a cambio de respeto por uno mismo a largo plazo.

 

Disciplina es amor propio. Si quieres ser feliz tienes que quererte, lo que significa que tienes que tener disciplina.

Tendré que ajustar un poco el tonito condescendiente, pero parece un buen comienzo.

En la misma línea, hace poco me terminé «Everything is Fucked», de Mark Manson, donde también trata el tema de disciplina y felicidad. En resumen, viene a decir que:

Vivir bien no significa evitar el sufrimiento; significa sufrir por los motivos correctos. Porque, si vamos a sufrir por el mero hecho de existir, más nos vale aprender a sufrir bien.

Buen viernes,

B.

26/07/2019

Brian Eno sobre los medios, sus defectos y la nostalgia que sentimos una vez que ya no están. Sacado de Nitch. Encontrado en el instagram de Dave Elitch.

brian eno soportes musicales

Lo que sea que te parezca raro, feo, incómodo y sucio de cualquier medio nuevo se acabará convirtiendo en lo que lo hace reconocible. La distorsión de los CDs, los temblores del vídeo digital, el sonido de mierda en 8 bits… todo esto será atesorado y emulado en cuanto se pueda evitar. Es el sonido del fallo.. el sonido de las cosas fuera de control, de un medio forzando los límites y rompiéndose. Las guitarras distorsionadas son el sonido de algo demasiado fuerte para el amplificador por el que tenía que sonar. El cantante de blues con la voz rota es el sonido de un llanto emocional demasiado poderoso para la garganta que lo generó. La emoción de la película granulada, del blanco y negro saturado, es la emoción de presenciar eventos demasiado trascendentales para el soporte asignado para grabarlos.

Esta es la razón por la que ahora se graban vídeos que parecen VHS o se pone efecto vinilo en algunas canciones, porque da morriña, y la morriña une mucho.

18/07/2019