Toni Morrison, sobre el trabajar y mantenerse cuerda:

Entonces, un día, sola en la cocina con mi padre, me quejé un poco de mi trabajo. Le di detalles, ejemplos de lo que me molestaba, y aunque me escuchó con atención, no vi compasión en sus ojos. Ni un «oh, pobrecita». Igual entendió que lo que quería era una solución, no una forma de escapar de mi trabajo. En cualquier caso, dejó el café en la mesa y dijo: «Escucha. No vives allí. Vives aquí. Con tu gente. Ve a trabajar. Gana dinero. Y vuelve a casa».

 

Eso fue lo que dijo. Esto fue lo que escuché:

  1. Sea cual sea el trabajo, hazlo bien —no por el jefe, sino por ti.
  2. Tú haces el trabajo; el trabajo no te hace a ti.
  3. La vida real está con nostros, tu familia.
  4. No eres el trabajo que haces; eres la persona que eres.

Desde entonces, he trabajado para todo tipo de personas, genios e imbéciles, espabilados y bobos, bondadosos y no tanto. He tenido muchos tipos de trabajos, pero desde aquella conversación con mi padre no he vuelto a considerar el nivel de mi trabajo como una medida de mí misma, y no he vuelto a poner la seguridad de un trabajo por encima de mi hogar.

Sí a todo.

Abrazo.

Sacado de aquí.

29/08/2020

Resulta que un señor llamado Carlo Cipolla ya modeló en 1988 cómo se comportaban los estúpidos, y me parece brillante. Paso directamente a enunciar las cinco leyes:

  1. Siempre e inevitablemente se subestima el número de estúpidos en circulación.
  2. La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de dicha persona.
  3. Los estúpidos causan daño a otras personas sin obtener ellos ganancia personal alguna, o, incluso, provocándose daños a sí mismos.
  4. Las personas no estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de los estúpidos.
  5. Un estúpido es mucho más peligroso que un malvado.

Como parte de esta teóría, se presenta también una clasificación curiosa de las personas. Si las ordenamos en función del perjuicio y beneficio propio y ajeno, resultan cuatro tipos de personas:

  1. Inteligentes: benefician a los demás y a sí mismos.
  2. Incautos: benefician a los demás y se perjudican a sí mismos.
  3. Estúpidos: perjudican a los demás y a sí mismos.
  4. Malvados: perjudican a los demás y se benefician a sí mismos.

Me gusta porque antes pensaba que Trump era estúpido cuando en realidad es malvado; Miguel Bosé, sin embargo, me sigue pareciendo estúpido.

Estas leyes tienen 32 años, pero son bastante utilizables a día de hoy y cada año que pasa van ganando importancia —lo cual no dice mucho del ser humano como raza, pero ea.

Abrazo.

Lo he sacado de aquí y de aquí.

23/08/2020

Algún día hablaré de cuando el año pasado vi —o más bien conté— que tenía 95 libros sin leer, decidí no comprarme más hasta que los terminara y al final terminé haciendo lo que me dio la gana. Lo que sí pasó fue que leí mazo.

De momento, vamos con mis libros favoritos del año pasado, que, curiosamente, fueron todos nuevos.

Los asquerosos — Santiago Lorenzo

Un señor —Manuel— con unas habilidades sociales regulares y muchas ganas de tener amigos, atornilla —acuchilla con un destornillador— a un policía y se ve obligado a exiliarse en un pueblo abandonado de la España profunda para que no le pillen. Lo que viene después es pura fantasía. Bajo esta premisa tan rocambolesca está el libro con el que, posiblemente, más me he reído en voz alta. Aparte de las jajas, todo lo que rodea a la historia tiene un trasfondo zen que me llegó a la patata. Muchas veces me encuentro pensando en la vida del tal Manuel y en cómo canalizar a mi ermitaño interior para que la existencia tenga más miga.

Un diez, o dos.

Keep Going — Austin Kleon

Me encantó el primer libro, me gustó mucho el segundo y su blog es una forma mía particular de escapar de las velocidades del contenido digital —siendo su blog contenido digital; qué paradoja—. Pues lógicamente me iba a leer su tercer libro. Este es una especie de guía del autor para sí mismo sobre cómo sobrellevar el vacío existencial del ser en una época en la que parece que la especie humana se ha vuelto loca y solo quiere beber lejía e insultarse fuerte. Cómo seguir cuando ya queda poca esperanza.

A mí me pilló en un momento en el que estaba quemado con todo y planteándome un cambio vital serio, y  me hizo sentirme mucho menos solo. Nada más terminarlo lo volví a leer —porque te lo lees en 4 horas si vas con calma— y me lo estoy volviendo a releer, porque estamos en otra época en la que es jodido sobrellevar el vacío existencial del ser en una época en la que parece que la especie humana se ha vuelto loca y solo quiere beber lejía e insultarse fuerte —además de lo del confinamiento.

Everything is Fucked — Mark Manson

De los señores más clarividentes que conozco. Este es una suerte de segunda parte de «The Subtle Art of Not Giving a Fuck» que sigue en la línea del original: poner fuck en el título y filosofía dura en las páginas.

Todo el libro navega por los valores y la esperanza, o falta de ella. A muy grandes rasgos, que tal y como está el percal, una gran parte de nuestro descontento vital viene de la dificultad para discernir lo que consideramos que es importante y que está bien. Esto nos mete en una forma transaccional de entender el mundo que nos jode la cabeza. Empezamos a hacer A porque queremos conseguir B y no porque dentro de nuestro orden ético creamos que A es algo que debe de hacerse, así en general. Entonces, a veces, porque la vida es así, B no pasa, y no entendemos por qué y decimos que es injusto y ya no sabemos si hacer A o C y ya nada funciona y cuando nos queremos dar cuenta somos todos unos cínicos y Trump es presidente.

O bueno, eso es lo que entendí yo, pero vete tú a saber.

Norse Mythology — Neil Gaiman

¿Os he contado alguna vez que tengo algo con la mitología clásica? Un verano, cuando tenía 11 años, estaba pasando unas semanas en un velero —toda esta frase está molando mazo— y me regalaron un libro de mitología grecorromana que procedí a devorar varias veces seguidas. Luego se lo presté a una profesora de la época y nunca más volví a saber de él. Total, que los dioses politeístas siempre me han flipado.

Una amiga me regaló este por mi cumpleaños —sin saber ella nada de mi preferencia loca— y me lo pasé pipa leyéndomelo. Es, simplemente, muy bueno, y está muy bien escrito, y viniendo del mismo señor que escribió una historia de qué habría pasado si los dioses clásicos viviesen entre nosotros todavía —American Gods, claro— pues deme dos o tres.

Un gozo.

Total, que

Empiezo a darme cuenta de que todos estos libros —hasta el de los nórdicos, que en la mitología todo es muy chungo— tienen una componente de indefensión ante la adversidad, aceptación de circunstancias que nos vienen impuestas y que nadie podía prever, y un extraño derrotismo optimista, que hace que todo se vea mejor una vez que has asumido que nada es tan importante y que es precisamente eso lo que lo hace especial. Igual porque llevamos 6 semanas encerrados, pienso mucho en cuando estuve recuperándome del último neumotórax en California, y se me está haciendo todo extrañamente familiar y extrañamente fácil. Cada vez encuentro más confort en la incertidumbre y os deseo a todos que ojalá también encontréis algo.

Pero bueno, que aquí habíamos venido a hablar de libros y estos cuatro son geniales. Hala, hasta el año que viene.

B.

01/05/2020