No es ningún secreto que estoy pasando por una de mis etapas más grincheras en lo relativo a todo. Y es que es difícil mantener el optimismo cuando el mundo tiene la cabeza cada vez más metida en el culo y se va a la mierda cada vez más rápido. Pero hoy traigo motivos para tener esperanza.

El caso es que ayer me encontré un post en el Instagram de Coki Giménez —un crack; batería de Tarque y Dani Martín entre otros— donde aparecía tocando un beat de un minuto a la batería y animaba a todo el que quisiera a «hacer algo con ello». El beat tenía rollazo y a mí me flipa como toca este pavo, así que me puse manos a las cuerdas a ver cómo caminaba el tema.

Después de un rato salió un riff bastante guapo y lo compartí a ver qué opinaba el padre de la idea:

Es una tontería de una tarde de un martes cualquiera metido en internet, solo que en lugar de defender que la tierra es plana, nos hemos sacado un trozo de canción. Y eso es superbonito troncos, que la tecnología también sirve para que músicos que no nos conocemos de nada colaboremos desde la distancia y hagamos cosas así de chulas. Grande Coki.

30/01/2019

Los propósitos de año nuevo funcionan debuti.

— Nadie, nunca

Este año he decidido imitar a toda la gente lista que sigo en internet y no hacer propósitos. En lugar de eso, me he sentado un rato a pensar en todo lo que ha pasado durante 2018 y hacer balance de lo bueno, lo malo y lo mediocre; lo que se llama hacer una «retrospectiva».

Formas de retrospectivizar hay muchas. La mía ha sido coger la agenda del año pasado y repasarla desde enero hasta diciembre, recordando —como buenamente he podido— todo lo que he hecho y apuntando movidas en dos columnas:

  1. Las cosas que me hacían olvidarme del móvil.
  2. Las cosas que me hacían mirar el móvil con frenesí.

Y ya está.

Ahora la idea es hacer más cosas de la columna 1 y menos de la columna 2, hasta que la segunda columna desaparece y tú te conviertes en un vórtice de arcoíris, luz, color, y truños de unicornio.

Feliz año, gente.

02/01/2019

A día de hoy, soy el orgulloso poseedor de una web sin cookies, sin banners y sin nada más que contenido. Por no tener, no tengo ni estadísticas de visita a la web, y es que me la sopla. Estoy aquí como en los 90, solo que con mejor conexión y un portátil más cuco.

Este pequeño exorcismo es un recordatorio de mí para mí de que lo único importante para un mindundi con un blog es tener un espacio limpio donde publicar cosas y que otros puedan leerlas si quieren; todo lo demás son datos para los anunciantes. Y a los anunciantes no les gustan las cosas bonitas, solo las concurridas.

22/12/2018