15 cosas que mis perros me enseñaron sobre cómo querer a alguien 4'

por Bor Cobritas 17/03/2014

Mis perros son una de las cosas más bonitas que me ha pasado. Cada uno con su idiosincrasia era un pequeña criaturita especial y única cubierta de pelo y dispuesta a llenarte de babas y pelo a la mínima oportunidad para demostrarte todo su amor.

La grande, Layla, era una rottweiler de 40 y pico kilos llenos de amor (y babas). Siempre que yo llegaba a casa, se escuchaba el clinclín metálico de su collar rebotando en el suelo, seguido de un montón de resoplidos y algún golpe seco de la torpona, todavía medio dormida, rebotando contra los quicios de las puertas. Entonces aparecía ella, toda majestuosa y negra y llena de pelo, y me incrustaba la cabezota en la entrepierna a modo de saludo y totalmente inconsciente de que eso podía doler.

Luego le daba un abrazo y terminábamos tirados en el suelo, ella babeándome y yo haciéndole cosquillas.

Laylita

40 kg de amor; y babas

El chiquitín, Humphrey, era un schnauzer miniatura de 12 kilos de hijoputez. Siempre que llegaba a casa, venía con la cabeza gacha y gruñéndome como el cabronazo que era y se iba con mi madre a marcar paquete. Luego, si le acariciaba, me gruñía más hasta que le echaba la bronca; entonces se ponía súper majo. Además, en cuanto había truenos o petardos, se venía conmigo; angelico… Al final le cogí cariño y todo.

Humphrey

Un cabronazo que se hacía querer

Ninguno está ya con nosotros y les echamos mucho de menos. Sobre todo porque nadie como ellos sabe cómo querer tanto y tan bien. Aquí van 15 cosas por las que les echo de menos.

  1. Te saludan súper efusivos como si no te hubieran visto en 10 días aunque hayan pasado 10 minutos
  2. Si estás enfermo se tumban contigo y no dicen nada
  3. Si estás triste, se tumban contigo, y te chupan
  4. Si estás contento, se tiran encima de ti, y te chupan
  5. Si les abrazas, se dejan, y te chupan
  6. Si les haces putadas, se dejan, y te chupan
  7. Si intentas darles un beso, te chupan
  8. Si te pones a jugar con ellos, se lo toman como si estuvieran en el mundial de tirar la pelota y devolverla
  9. Si les rascas las orejas, te lo agradecen con todo su amor desplomándose sobre ti
  10. Si les castigas, al rato vuelven como si nada; y te chupan
  11. Si te ven enfadado, te miran con ojitos, se acercan poco a poco y te chupan; si no funciona, vuelven al rato a ver si hay más suerte
  12. Cada vez que hacéis algo se lo toman con la misma ilusión que si fuera la primera; aunque sea la 43598593 que lo hacéis
  13. No se toman nada de lo que haces como algo personal
  14. No esperan nada de ti, solo que seas tú
  15. Saben que les quieres y con eso les basta

De mis perros aprendí a querer por el mero placer de querer y no buscando cariño de vuelta. Sin mendigar amor y sin traficar con besos para ganarte afectos de mentira. Si quieres, quieres con todas las consecuencias, porque te da la gana y porque eso es lo que te apetece. Porque si el cariño se da de verdad, al final vuelve; y no necesariamente de la persona a la que se lo diste.

También aprendí a respetar al otro con todas las consecuencias; a quererle tanto como a su idiosincrasia. A saber leer cuándo «no» significa «no» y no, «quédate anda, que estoy hecho mierda y de tanta vulnerabilidad estoy tirando zarpazos a todo lo que se mueve por miedo a que me hagan daño». A saber dejar espacio y a acompañar simplemente sentándote a su lado.

Aprendí a disfrutar de cada pequeño momento en su compañía; a ver que la magia la ponemos nosotros y no lo que estemos haciendo. Así, cada tarde de cañas, cada paseo o cada conversación peregrina de refilón puede ser una experiencia totalmente nueva aunque sea la número 23248938. Aprendí a dar las gracias, a perdonar, a no guardar rencores y a no pedir explicaciones si no me las quieren dar; muchas veces se entiende mejor tocando que hablando.

Y a no esperar nada, solo que sea él; o ella. Porque con eso basta.

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