5 conclusiones de 2 años maravillawesomes 11'

por Bor Cobritas 10/11/2015

2 años maravillawesomes

 

Hace dos años me volví súper loco y abrí el blog este. El porqué todavía permanece en incógnita; yo solo sabía que me apetecía contar cosas y que la palabra “maravillawesome” era demasiado jefa como para dejarla en la ignorancia conceptual. En fin, que monté la web y hala, a escribir.

Dos años después, muchas cosas han cambiado. Otras siguen igual. Otras han dejado de ser. Otras han empezado a serlo. Qué más da.

Hay textos que siguen molando, textos que han envejecido fatal, textos que parece que los haya escrito otro, textos que tienen más razón que nunca y textos que se han quedado en un “ni fu ni fa” existencial raro; como cuando te pica la garganta por dentro y no hay dios que se rasque tan a fondo. Y todos siguen ahí.

Mientras la existencia del yo permanece como una incógnita existencial (y la típica cosa que discutes borracho con tus colegas artistas), no puedo afirmarla o desmentirla. Sin embargo, sí que es cierto que estas 100000 palabras o así que llevaré escritas resumen bastante bien mis neuras básicas y lo que conforma mi proceso de pensamiento, o de todo lo contrario. Igual no el “yo” universal, pero sí lo que he sido este tiempo.

Es lo típico que se dice, que un blog te vale para descubrirte a ti mismo más que para compartir información. Luego pasa que hay gente que se parece mucho a ti, y te lee, y se identifica, y se descubre por los mismos procesos, y lo flipa. Que a base de proyecciones de lo que somos o queremos ser, un montón de peña (o bueno, no tanta) se encuentra al reconocer sus propias heridas en otros y así no sentirse tan solo.

Tiene gracia que los mecanismos del universo seamos solo seres humanos tarados en busca de no sentirnos tan solos.

Sea como sea, sí que creo que he aprendido un par de cosas medio importantes en dos años de bloguero que se las da de modelo de conducta. Sobre todo a base de hacerlas mal.

1. Todos somos unos desastres

Esto yo, tú y tu vecina la que cuenta demasiadas intimidades al lado de la ventana del patio interior. Yo creo que cada cual tenemos nuestra tara particular, y cada uno adaptamos nuestra forma de funcionar dentro del mundo en base a esa tara. Es como la forma que tenemos de enfrentarnos a la realidad sin hacernos demasiado daño con los pinchos, nuestra guía de supervivencia.

Como yo soy un desastre especialmente portentoso, el día que encontré esa filosofía, única y maravillosa, para funcionar, me vine arribísima y empecé a intentar evangelizar a todo quisque con mi forma y mi método. Esto funcionó con unos cuantos, con los que se parecían a mí, pero con el resto solo conseguí quedar como un cretino más.

La primera vez que le encuentras respuestas a las grandes preguntas, te crees que ya está, que ya lo tienes. Cuarenta y dos, la respuesta a la vida, el universo, y todo lo demás. Y cuando tienes la gran respuesta entre tus manos, pues haces lo típico, te emperras en que todas las preguntas se puedan responder con esa respuesta y simplificas la realidad sistemáticamente, de forma que siempre se pueda explicar por tus modelos y creencias.

Es una movida, porque dejas de aprender, y de tener curiosidad, y de escuchar a la gente que te contradice. Y de la noche a la mañana te conviertes en un fanático religioso cuyo dios eres tú mismo; y no mola. Eso es el enemigo número uno del pensamiento crítico, la presencia y la curiosidad. Vamos, que manda al carajo la única forma que tenemos de vivir la realidad: nuestra percepción.

Todos somos unos desastres, cada uno con su tara. Y yo el primero.

Cada uno sale de fábrica con su propio perfil de tarado y sus propios agujeros en esto de vivir. Esto hace que lo que para unos es trivial, para otros es desconocido, y ninguna de las posiciones es mala en sí misma, solo el no entender las diferencias.

Así que prefiero ser humilde con lo que creo que se me da bien y curioso con lo que creo que se me da mal. Nunca sabes cuándo puedes aprender cosas nuevas, y ser un arrogante de mierda solo te garantiza perderte cosas nuevas.

2. Hablar está sobrevalorado

Vale ya de hablar de todo lo que vamos a hacer y vamos a hacerlo.

Vale ya de hablar de cómo y cuándo quedamos y vamos a echarnos esa cerveza. Vale de planificar ese entrenamiento que te convertirá en Supermán y vete a moverte y a levantar cosas que pesan. Vale de investigar si la zona, la atkins, la mediterránea, la cetogénica o el IF y no te comas ese crónut y coge las escaleras y déjate de mandangas.

Vale ya de hablar de todo lo que vamos a hacer antes de hacerlo. Que todo ese tiempo se podría estar utilizando en hacerlo.

Este último año he hecho un máster en gestión de proyectos. Si bien ha sido una experiencia fantástica y dura a partes iguales, me ha dejado pensando mucho en esta obsesión por planificar y predecir cada paso del camino que nos pilla por delante antes de empezar a dar esos pasos. Joder, para luego tener que cambiar todos los planes en el último momento porque nada ha salido como predecíamos; porque no teníamos ni idea de qué pinta tenía la realidad antes de poner un pie dentro.

Al final, he terminado por desarrollar como una alergia por ese “sentarnos a planificar” antes de ir. Porque en lo más profundo sé que al final vamos a terminar haciendo lo que nos dé la gana; porque en el fondo no tenemos ni puta idea de lo que nos vamos a encontrar.

Sí que es cierto que si vas a ir al polo norte estará bien coger un abrigo, que hace falta pensar un mínimo en cómo debería ser el proceso general, echar un ojo a las cosas que podrían salir mal y plantear posibles planes B para arreglar las cosas. Pero no tanto como para que te plantees si el 5º día vas a comer fabada o un filete.

La planificación mola como un entrenamiento para el caos. Como que cuantos más “planes B” hayas pensado en tu vida, más fácil será, y menos te costará improvisar cuando sea necesario. O sea, siempre. Y el resto del tiempo a ver qué pasa, que la vida sin sorpresas no es na de na.

Así que prefiero mover el culo y hacer cosas, o intentar cosas; pecar de espontáneo. Para ver en primera persona cómo se sienten los obstáculos y poder plantear soluciones de verdad a problemas de verdad. Y ver a más gente cara a cara, y apagar un poco más el teléfono, y grabar mis canciones de una vez, pero esto ya son cosas personales.

3. Las cosas no son como son, son como tú eres

Dicen que si te encuentras a un gilipollas por la calle, te has encontrado a un gilipollas; pero si no paras de encontrarte gilipollas, el gilipollas eres tú.

Estar vivo tiene truco. Para poder ser partícipes de la realidad, tenemos que experimentarla, y esta percepción es tan subjetiva como nosotros. Vamos, que cada experiencia esté sesgada por nosotros mismos y nada es objetivamente real. Como ver la vida a través de diferentes lentes de colores que nosotros no sabemos que están coloreadas porque desde tan cerca, pues no se distingue.

Y unos dirán que la vida es rosa, y otros que es verde; y los dos tendrán razón.

Así, toda nuestra experiencia vendrá condicionada por nuestras obsesiones vitales, nuestras taras y todo eso que comentaba en el primer punto. A mí me pasa mucho que las partes de mi físico que me acomplejan son las que más me llaman la atención en otros, y que las partes de mi personalidad que no me gustan son las que más me molestan en los demás. Si te crees que tienes la nariz grande, te fijarás en las narices de la gente; si tiendes a ser controlador, te joderá especialmente cuando alguien lo sea contigo; etc. Somos pura proyección de lo que somos y queremos ser, tal vez porque si pensamos mucho en algo, es normal que nuestro cerebro esté preactivado de serie y especialmente receptivo a información que tenga que ver con ello.

Y luego está con qué pie te hayas levantado; que como salgas cruzado de la cama, te vas a pensar que todo el mundo desea interponerse entre el universo y tú. Qué cosas, ¿eh?

Así que, antes de hacer el imbécil, intento alejarme un poco de mí, coger perspectiva de mi perspectiva y tratar de ver cómo veo lo que veo y por qué lo veo así. Quiero decir, nos portarme como un cretino gilipollas solo porque tengo el día tonto, y no odiar a la gente solo porque se han portado como yo en los días en los que peor me caigo.

4. No hay que tomarse tan en serio

Así, como forma de vida.

Esto es especialmente útil para todos los que vamos de creativos por la vida, porque tenemos un deje de grandeza que no hace más que daño. Quiero decir, por mucho que escribas, hagas canciones, pintes, esculpas o, simplemente, te esfuerces por tener una vida bonita, eso no te da derecho a sentirte superior a los demás. Una vez más, cada uno tiene sus taras y sus gustos, y puede ser que tu arte, simplemente, no aplique a los demás.

Y quien dice arte, dice trabajo, problemas personales, vida, o simplemente ser. Si haces algo con tu vida, que sea porque a ti te flipa; porque a ti te fliparía conocer a alguien como tú. Convertirte en una persona a la que te encantaría ligarte si te conocieras; trabajar para seducirte a ti mismo cada puto minuto del día. Y claro, esto mola, porque en cuanto estás seducido, y te molas, lo que los demás opinen de tus creaciones se convierte solo en un bonito subproducto, y no en una validación necesaria para sentirte bien contigo mismo. Y eso mola. Ser mola.

Cuando te juntas con gente para existir, lo que te apetece es estar a gusto, cómodo. Sentirte cómodo como para ser (porque creéeme, SER, así con mayúsculas, es de las cosas más difíciles que hay) y ser de tal manera que los demás se sientan cómodos contigo como para ser ellos mismos. Y qué mejor manera de dejar espacio a los demás para ser lo que ellos quieran que riéndose de uno mismo.

Alguien que se ríe de sí mismo se acepta como es y muy posiblemente haga lo mismo contigo.

Así que a reírse de uno mismo. Que si te ríes de ti, los demás se tendrán que reír contigo.

5. El secreto de la vida NO es ser feliz

Casi todo el primer año de Maravilawesome me lo pasé buscando las claves de la felicidad à la Mr. Wonderful. Y por algún motivo, se sentía raro. No parece natural andar 24 h al día intentando forzar un estado mental, sea el que sea; sobre todo cuando el único estado natural es el cambio. Además, yo qué sé, a veces shit happens, y eso no tiene por qué estar mal, ¿no? Como decía la gente de Holstee, “todas las emociones son bonitas”, también la tristeza, la angustia o el desasosiego.

Holstee_Emotions

Como que las cosas que pasan están para aceptarlas como vienen.

Para sentirlas como vienen y cambiarlas hasta que se puede. Igual la respuesta está a otro nivel, en ser capaces de estar presente, sentirlo todo y exponerse al chorrazo; o algo así. Y ahí ando.

Esta idea está en pañales y tomando el bibe, así que me voy a hacer caso y, en lugar de hablar de ella, me voy a ir a seguir pensándola.

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Lo más gracioso de todo esto es, que la mera naturaleza de lo que acabo de contar, puede invalidarlo automáticamente. Porque es imposible afirmar categóricamente si el argumento está basado en la subjetividad de un solo individuo (o sea, yo). Vamos, que como lo estoy opinando yo, a ti te puede resbalar. Y eso está bien. And we have to respect that.

Eso es lo bonito, y lo que le da vida a las ideas: que provoque cosas. Ya sea magnetismo o rechazo, es un bonito deseo para todos nosotros que nada de lo que hagamos pase desapercibido, que todo sea sentido y sea respondido en consonancia con las taras del receptor. Qué bonito que todos seamos tan únicos como para poder pensar a la vez y al minuto siguiente no entendernos en absoluto.

Después de dos años maravillawesomes, creo que he aprendido que todos somos únicos e igualmente bonitos. Es posible que el secreto de la vida sea eso, aprender a disfrutarnos sin tener miedo a lo que somos. O no, yo que sé.

Igual también te mola