8 formas de arreglar un día de mierda 10'

por Bor Cobritas 03/06/2014

Hay días que no. Y cuando digo que no, es no. Días en los que nada sale bien, todo se tuerce y te preguntas bastante fuertemente cómo es que no te has llevado el edredón y el peluche a trabajar, para meterte dentro de uno, abrazar al otro y esperar a que llegue el día siguiente. Estás despeinado, hueles mal, tienes una mancha nueva en la ropa de esas que no se quitan y por no encontrarte bien, es que ni te encuentras.

Los trenes se te van en las narices, los niños te lloran y los coches te salpican con los charcos de la calle (y eso que estamos en pleno Junio; tócate los pies). Además, todo lo que intentas te sale mal, o ni te sale. Es que no; ni de coña.

Y aún así, ahí está el día, con sus 24 horitas, todas tan sexagesimales y redonditas. Un día entero que va a pasar y por el que tú vas a pasar porque no te quedan más narices. Cosas del directo… se han equivocado de guión y van a empezar a rodar hace media hora. Así que ponte guapo, que llevas 30 minutos haciendo el panoli en pantalla, el tiempo es oro y lo estás pagando tú de tu bolsillo.

La película de tu día

Ante semejante panorama hay dos opciones:

  1. Poner cara de acelga, sacar la pasivo-agresividad a pasear y andar lo que queda de día arrastrando los pies hasta llegar a casa y poder meternos debajo del antes mentado edredón.
  2. Poner buena cara y remontar. Total, con lo mal que está el panorama, ¡es facilísimo que mejore!

La primera suele ser una mierda, hablando mal y pronto; y te lo digo por experiencia. Me he pasado años poniéndome de morros ante los días malos, y lo único que conseguí fue ponerme de morros ante los días medio malos e incluso ante algunos buenos. Y eso no mola.

La otra opción lleva un poco más de ganas, humildad y, sobre todo, un buen par de huevos. Al principio sienta como si dejases que el Universo se riera de ti, hasta que te das cuenta de que el Universo en realidad se reía contigo.

Después de mucho practicar he encontrado 8 cosas que sé que, si las hago, mis días mejoran. Son como un amuleto. Si el día va mal, empiezo por la primera y voy haciéndolas, una a una hasta el final, y en cuanto termino, de repente todo tiene mucha mejor pinta.

Por supuesto, estas son mis 8 cosas. Cada cual tiene que encontrar las suyas, pero las mías son tan buen comienzo como cualquier otro 😉

1. Reír a carcajadas

Reírse mola un montón. Pero no digo reírse de “jijiji”, no; reírse de esto que se te desconfigura la cara, te salen arrugas, lloras, te ahogas y hasta te salen agujetas. Reírse como si no te importara lo que cualquiera pudiera pensar de ti.

El sonido de la risa sincera tiene un algo primal que enamora; tal vez porque es de esas cosas que se nace sabiendo y nadie puede enseñarte. Es un sonido y un acto tan puro, desinteresado y sincero que funciona como un limpiador de espíritu.

Al reír a carcajadas, movemos un buen puñao de músculos, limpiamos los conductos lacrimales, ponemos a funcionar a todo el sistema nervioso y segregamos una buena cantidad de hormonas buenrolleras (endorfinas) que nos ponen de buen humor.

Además, reír une; y sentirse unido a alguien hace que cualquier día merezca la pena. La próxima vez que estés en un grupo y la gente empiece a reírse, fíjate cómo todos miran automáticamente a la persona del grupo con la que tienen más confianza. Hermanos de risa.

2. Moverse

Y si te sientes incómodo, muévete.”

Un cerebro que no se mueve, se atrofia.

Yo pienso con todo el cuerpo, porque te lo juro que cuando me muevo me vuelvo más listo. Las neuronas no solo están en el cerebro, sino que se extienden por la espina dorsal para abajo y se distribuyen por un buen trecho de nuestra anatomía; y todas funcionan. Cuando hablamos de pensar, no solamente entra en juego nuestro razonamiento consciente, sino que gran parte de todo eso que nos pasa por la cabezota, es subconsciente.

El subconsciente es la parte poderosa, el instinto, la chispa, el flow, la magia; todo eso que no se explica y que hace extraordinarias a ciertas personas. Y no tenemos ni papa de cómo funciona.

Lo que sí que se sabe es que el cerebro es un sistema que funciona como un todo, y muchas veces solo se puede entender pensando de forma holística sobre el mismo. Por eso, es lógico pensar que cualquier tipo de actividad cerebral, ya sea de razonamiento puro y duro, de asociación o de control y coordinación corporal pueda echarnos una manita a la hora de animar a esas neuronas nuestras a funcionar mejor.

¿Bailar? ¿Alguien ha dicho bailar?

3. Dar abrazos

Abrazar mola mazo. Es un buen rollo condensado en un gesto súper tonto y a la vez súper difícil de dar bien. Porque los verdaderos abrazos son como desnudarse de todo prejuicio y coraza y decir “ven p’acá, que te voy a dar más amor en 10 segundos que tu furby en toa tu vida”.

Un buen abrazo se da y se recibe a la vez, no hay término medio. No es un “te doy un abrazo”, sino más bien un “nos damos un abrazo”. Igual que las buenas carcajadas, te conecta con la gente en un nivel tan profundo que cuando lo haces se te olvidan las palabras.

Además, tiene su propia hormona buenrollera: la oxitocina, u hormona mimosona. Se llama así porque típicamente se libera cuando nos tocamos con otros seres humanos; y muy seguramente, gracias a cosas como estas, pudimos sobrevivir como especie.

4. Dar las gracias

Agradecer es de tíos majos. Ya hemos hablado antes de la magia de dar las gracias y no me voy a entretener mucho más, pero sí que quiero darle una vuelta a un punto importante…

Agradecer nos vuelve humildes. Dar las gracias y sentirse agradecido conscientemente por todas las cosas buenas que pasan es en sí mismo un acto de humildad porque reconocemos que nos están pasando cosas mucho mejores que nosotros mismos.

En este tipo de días en los que todo parece que está en nuestra contra, saber agradecer los pequeños detalles, ayuda a diluir la sensación de que nos están pasando cosas malas. Porque no es que nos pasen cosas malas; es que nos creemos que nos tienen que pasar cosas buenas por derecho vitalicio y que cualquier privación de nuestro bienestar es injusto.

Somos un montón de polvo de estrellas reciclado… Cualquier cosa que le pase a un montón de polvo de estrellas es maravillosa.

5. Meditar

Ansiedad, prisa, la sensación de que me estoy perdiendo cosas o de que debería estar haciendo algo; la importancia relativa de muchas nimiedades y muchas noches de mal dormir. Todo eso y alguna otra cosa es lo que ya no tengo desde que empecé a meditar en serio, hará cosa de dos semanas.

Sé y entiendo que muchos pensaréis que es una falacia, una farsa, una pérdida de tiempo, una forma más de vender humo u otro timo espiritualoide. Pero no me cansaré de recomendarlo, porque es de esas cosas que funciona de verdad. Y no porque baje un montón de energía mística con cabeza de elefante y ocho brazos a convertirte en el elegido, no.

Más bien porque aprendes a estar solo contigo mismo, en silencio y aceptándote tal y como eres durante un rato, y después de eso, la convivencia con uno se hace mucho más llevadera.

6. Aprender

Aprender algo nuevo. Ya sea con un libro, una película, una charla TED o una buena conversación. Saber pararse quieto un momento y absorber algo nuevo. Ser humildes hasta el punto de asumir que no sabemos algo y, justo después, aprenderlo. Sin juicios, sin “no, no tienes razón porque esto es así”, sin reticencias.

Aprender. Algo. Nuevo.

Después ya habrá tiempo de cotejar información y desmentir mentiras; de momento, solo quedémonos con ese momento en el que añadimos algo a nuestro cerebro, crecemos y nos convertimos un poquito en personas diferentes.

7. Crear

James Altucher defiende que los seres humanos tenemos un “músculo de las ideas”, y que debemos ejercitarlo. Por eso, todos los días, se levanta, lee un poco y escribe 10 ideas sobre cualquier cosa. Lo único importante es que sean 10 y que sean suyas. Así, dice que, cuando llegue el momento crucial en el que necesite tener ideas por una cuestión de vida o muerte, ellas estarán ahí.

Los humanos nos medimos en nuestra capacidad creativa; es nuestra moneda de cambio. Tanto si eres un artista como si estás en la línea de producción de galletas María, todos los días se te pide que hagas cosas, que crees cosas.

A más o menos nivel, todos sobrevivimos día a día creando cosas de la nada. Simplemente por el hecho de hablar o movernos, estamos generando posibilidades que antes no existían, y es cosa nuestra decidir si las hacemos bonitas o no; y de una forma, podemos hacer que todo lo que nos rodea se convierta en una obra de arte.

Por eso, crear. No tienes que hacer una obra de arte; es suficiente con que le pongas mimo a cómo vives para que los demás y tú podáis disfrutarlo; y más si el día va mal.

8. Compartir

Somos seres sociales y nos alimentamos de la compañía y las interacciones con los demás. La risa, moverse, los abrazos, las gracias, el aprendizaje y la creación no tienen sentido si no existe nadie con quién formar parte de ello (la meditación es lo único que hacemos por, para y con nosotros).

Compartir hace que cosas tengan sentido (como este post. Ejem… ejem…) y que pequeñeces se puedan convertir en inmensidades. ¿Qué sentido tienen las palabras si nadie las escucha? ¿Los libros si nadie los lee? ¿La música si nadie la baila? Le da sentido a que existamos, ya que, al final, unos sin los otros terminamos por convertirnos en nada.

Si el día va mal, ríete con alguien, iros a dar una vuelta, dale un abrazo, las gracias, aprende algo de él, sé bonito para él, invítale a tomar algo y luego encuéntrate a ti mismo meditando.

Así ya nunca más habrá días malos 😉

Espero que os haya gustado y que, con o sin esto, dejéis de tener días malos. Una risa, un abrazo y las gracias de mi parte. Si compartís, os lo agradeceré infinitamente, y si comentáis y lo hacéis bonito, seguro que yo aprendo algo. Ahora, ¡a mover el culo de la silla!

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Foto: Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer

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