Cómo hacerse pajas sin ir al infierno 8'

por Bor Cobritas 29/01/2014

El onanismo, esa maravilla. Soy un tío (salta a la vista), y cuando echo la vista atrás me cuesta imaginarme un mundo sin pajas. Creo que a todos os pasa. La primera vez que salió el término en una conversación, yo me pensaba que el susodicho acto consistía en… bueno, en eso: en meterse una pajita por donde uno mea. Y claro, no tenía sentido ninguno (o bueno, sí, el de inserción). Pero vamos, que… no.

Al final resultó no ser eso, y bueno… ¡qué os voy a contar que no sepáis ya!

Pero no he venido aquí a hablar de mí. Si habéis entrado en internet en lo que va de día, seguramente habréis leído algo sobre el artículo que se ha publicado en abc.es. Reza tal que así:

«¿Cómo se evita la masturbación?»

¡¿Quééééé?! Pero por el amor de Dios, ¿quién en su sano juicio querría evitar eso? Es como si te dijeran… yo qué sé, «cómo se evita rascarse la marca del calcetín», «cómo se evita remolonear en la cama un domingo por la mañana», «cómo se evitan las duchas interminables con agua hirviendo en invierno», «cómo se evita que te rasquen la cabeza de sorpresa»… Creo que me entendéis.

Lo primero que he pensado ha sido que tenía que cabrearme; mucho. Luego he desistido, porque total, ¿pa qué? Si no me van a hacer caso… ¿Qué hago? Si es que me apetece escribir sobre el asunto, porque… a ver, son pajas. Siempre mola hablar de pajas porque la gente se siente súper incómoda, y no saben cómo reaccionar, y eso es gracioso.

Como Futurama, vaya pedazo de serie. Y hablando de Futurama…

Bender y Leela

Ah, espera, que estás hablando en serio…

Si toda la gente pensara como Bender, el mundo sería un lugar mejor; o por lo menos, mucho más divertido. Así que vamos a reírnos un rato.

La paja combina con todo

Masturbarse es la pera. Es gratis, no necesitas de material extra (o sí, eso ya es opcional), lo puedes hacer en cualquier parte con un poco de intimidad, a cualquier hora del día y sin efectos secundarios. Bueno, bonito y barato; fácil y rápido. Llena cualquier rato muerto, combina con casi cualquier actividad y sirve como terapia de evasión para momentos de estrés. ¿O nunca habéis dicho aquello de…?

 Venga, me estudio este tema y me hago una paja. ¡Qué coño! ¡Me hago una paja!

Pues eso.

Mujeres que me estéis leyendo y vayáis a reprocharme eso de «fácil y rápido». Sí, entiendo que lo vuestro es un tema un poco más artesanal, pero, ¿a quién no le gustan las buenas obras de arte hechas a mano? Además, todo el mundo tiene tiempo si es por una buena causa.

La paja es el espejo del alma

En cuanto el contador de años alcanza las dos cifras, pasan un montón de cosas, todas relacionadas con lo mismo: las hormonas. Llega el subidón de testosterona para nosotros y de estrógeno para vosotras y la vida se convierte en un festival de luz y color embebido en un documental de monos del National Geographic. En dos palabras: Party. Loca.

A las chicas os salen pechos, caderas, os viene la regla, empezáis a oler mejor, camináis distinto y miráis con picardía. De la noche a la mañana os habéis convertido en unas lobas que bien podrían pasar por veinteañeras aunque ni hayáis terminado la ESO. Hay que decir que os volvéis bastante inestables mentalmenteeeeeee… pero bueno. Pase.

A los tíos nos sale pelo en todos lados, empezamos a oler fatal, desarrollamos un segundo cerebro en la entrepierna que toma control sobre el primero y nos cambia la voz; en un proceso largo y tedioso en el cual soltamos más gallos que palabras decimos. De la noche a la mañana entramos en un estado de tontería mental del que no salimos nunca.

Hamburguesa del amor verdadero

Y yo con 26 y así estoy, llevando el arte de pintar pollas a otro nivel

Cambiamos; mucho. Nuestro cuerpo deja de ser el que fue, y nuestra cabeza piensa cada día de una forma distinta. Ya no nos movemos por lo mismo, ya no sabemos el porqué de nada de lo que hacemos, ni de nosotros mismos. ¿Y cómo vamos a conocernos si no sabemos cómo somos?

La paja es el espejo del alma. Es el proceso en el que nosotros, adolescentes que no tenemos ni puta idea ni de lo que somos ni de lo que sabemos, nos tragamos el orgullo y vamos a ciegas por territorio desconocido. Es un viaje a solas, de prueba y error, en el que nos embarcamos sin saber por qué y del que cada uno saca sus propias conclusiones.

Y al final, a base de buscarse, uno termina por encontrar una forma de comunicación no verbal bastante curiosa. Al principio parece que va a ser un soliloquio, pero luego se ve que, como todos los idiomas, vale para comunicarse.

La paja es la llave del amor

Viernes noche, has quedado con ella. No con cualquier ella; con ella. ¡Por fin! Buffffrfrfrfrlfrlfbrlfbrlfbrl… Venga tigre, que lo tienes hecho. Solo llevas 3 horas probándote ropa y tu armario entero está tirado por la habitación. Además, de lo que sudas te has tenido que duchar tres veces y como no sabías qué colonia ponerte te las has puesto todas. Eres un patán.

Un patán adorable, porque en cuanto te ve, te besa. Será tu cara de tonto, será que no sabes mentir; será que la miras como a la cosa más bonita del mundo y la sonríes como si la felicidad se pronunciara con sus fonemas. ¿Estarás enamorándote? Quién sabe, todo te da igual. Esta noche no existe nada más que vosotros, y cuando la luna alcance su zénit, vosotros estaréis bañándola con la luz que irradiáis; como dos astros parando el tiempo.

Lo que al final pasa es que, cuando llegáis a la cama, el polvo es un desastre, la chica se va y luego no te llama. ¿Qué ha pasado?

Él, amante de primera categoría, ha forjado su espada en mil feroces batallas de las cuales ha salido siempre victorioso. Su férrea determinación, inconmensurable valía e irreprochable sentido de la estrategia le han valido la condecoración con todos los galardones. ¡Invictus!

Ella, harta de gilipollas que no hacen más que meterla y sacarla, ha terminado por desistir de disfrutar en la cama con hombres. Ahora solo folla para contarlo y se dedica a hacer macramé en secreto.

Esta dicotomía solo puede venir de un sitio: la total y absoluta falta de comunicación. Es triste cómo no se disfruta del sexo porque no se habla. Es más triste aún cómo hay gente (especialmente mujeres) que a estas alturas de la vida (las que sean) todavía no sepan lo que es un orgasmo.

Mujer que se masturba = mujer que se conoce = mujer que sabe lo que quiere = mujer con confianza = mujer que se atreve a decirle a un tío lo que quiere que le haga = mujer satisfecha en la cama.

Corregidme si me equivoco.

El buen sexo equivale a una buena relación. Punto. Y por mucho que digan en el artículo este del ABC, para tener buen sexo antes hay que haberse masturbado bastante. Si tú no sabes lo que quieres, ¿cómo te lo van a dar? ¿Por ciencia infusa? ¿Telepatía? Seamos francos, los tíos tenemos muy poca empatía; menos si estamos cachondos como perras. En esa circunstancia somos malísimos para leer las sutilezas de vuestro cuerpo que nos podrían llevar hasta vuestro éxtasis, y sin una pequeña guía, estamos completamente perdidos.

En serio. Somos tontitos. Ayudadnos.

Y para terminar, una buena paja mental

La masturbación no sustituye al sexo, solo lo complementa. Hace no mucho, comentábamos alrededor de un café que escribir en un blog es como hacerse una gran paja mental. ¿Y el sexo? Una buena conversación.

Escribir te da pie para conocerte y hurgar entre los recovecos de tu ser. Escribiendo te encuentras, te conoces y aprendes a mostrarte. Cuando conversas, compartes. Experiencias, pensamientos, vivencias, tú; vosotros. Os compartís mutuamente, y eso solo es posible porque antes de poneros a hablar ya habíais tenido vuestras pajas mentales en solitario.

Una vez que la conversación termina, os habéis dado material para volver a pensar, a escribir. Os habéis dado pie a reflexionar y seguir creciendo; a mejorar vuestros yoes. Así, en la siguiente conversación, todo será mejor, más complejo, más completo. Más lleno de vosotros, y de esa evolución de lo que ya había pasado antes. Es la mejora continua y eterna de vuestros cerebros haciendo el amor entre sí.

Pues lo mismo con las pajas.

Ya lo decían en Martín H.

Martín, fóllate a las mentes.

Y eso digo yo.

Me acabo de hacer una paja enorme. Que os cunda la vuestra.

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