CSF;S: III. Guía práctica para cumplir tus sueños 5'

por Bor Cobritas 03/07/2014

CSF;S, responde a las siglas “Cómo ser feliz; siempre”. Es el título de una serie de posts en los que busco descubrir dos cosas: qué nos hace felices y qué evita que hagamos lo que nos hace felices.

En cada post, además, hay preguntas para responder, por si alguien quiere ir un poco más allá y ayudarme con este experimento.

¡Sé bienvenido!

———–

Por el momento hemos descubierto dos cosas:

  1. La felicidad es una elección
  2. La felicidad depende de la expectativa que tengamos de la vida

Y solo en dos posts. ¡Esto promete!

Ayer nos quedamos dándole vueltas a los típicos momentos en la vida por los que no quieres pasar. Esas épocas que te encantaría poder adelantar en fast-forward y verte de repente en la siguiente casilla sin tener que mover un dedo. Estábamos en ese momento en el que, estando cerquísima de conseguir nuestro objetivo en la vida, un obstáculo aburrido, pero difícil, se nos pone entre medias y no nos deja avanzar.

¿Y qué hacemos?

De los comentarios del capítulo anterior, me quedo con una idea principal:

Yo me siento feliz cuando estoy bien conmigo misma, (…) cuando creo que estoy dando todo lo mejor de mi. – Ana

Me encanta esta idea. Es algo de lo que ya he escrito alguna vez; por lo menos dos veces: en la entrada sobre el amor propio y en la de motivarse para los exámenes. Y todo lo que vamos a hablar hoy va a desembocar en eso.

Recordemos las fases del bucle maligno:

  1. Nos ponemos súper nerviosos porque estamos a punto de conseguir eso que siempre hemos querido
  2. Hacemos una intentona chapuza de superar el hito en plan “esto está súper cerca, fijo que tengo suerte” (ey, en las películas se tarda 2 minutos y siempre hay una súper coincidencia de cosas guays que ayuda al prota a conseguirlo in extremis; es súper lógico)
  3. Nos sale como el culo
  4. Nos frustramos, lloramos, blasfemamos, despotricamos, apelamos que la vida es injusta y nos ponemos de morros
  5. Repetimos los pasos 2 a 5 hasta que…

…nos hartamos

Hasta que nos hartamos y decidimos hacer algo con nuestra vida. Los taoístas tienen una frase que me gusta mucho. Dice algo así como:

El enfermo no se cura hasta que no está harto de su enfermedad.

Mientras el hecho de estar enfermo nos mole, no vamos a querer mejorar. Esto es como cuando nos poníamos malitos, no íbamos al cole y mami nos cuidaba mientras veíamos los dibujos; pero en versión adulta. Son esas circunstancias por las que la gente nos compadece y por las que sentimos que, en cierto modo, tenemos derecho a quejarnos. ¡Y cómo nos gusta quejarnos!

Una vez que nos hayamos hartado del bucle infinito hay dos opciones:

  1. Cambiar de objetivo en la vida
  2. Cambiar de enfoque

Como ya iréis viendo, una me gusta mucho más que la otra. ¿Adivináis cuál?

Cambiar de objetivo

Con la primera opción, simplemente nos vamos de allí y cambiamos de aires. Dejamos las cosas a medio hacer. Dejamos el videojuego sin terminar, cambiamos de carrera, dejamos a nuestra novia o nos quedamos en casa mientras nos justificamos como unos campeones:

  • “Es un juego demasiado difícil. No estoy al nivel
  • “Esta carrera no estaba hecha para mí” o, mucho mejor, “yo no estaba hecho para esta carrera”
  • No es lo que necesito en este momento”
  • “Todavía no estoy preparado
  • No era la persona indicada

Que a veces es verdad, pero en el otro 100% de los casos, no.

Cambiar de enfoque

La otra opción consiste en echarle un par de huevos.

¿No os ha pasado nunca que tendéis a huir de lo que se nos da mal? Yo también. Cuando muchas veces, eso solo significa que deberíamos hacerlo (porque es una debilidad y tal). Es normal que, ante la idea de adentrarnos en lo desconocido, nos encojamos y queramos huir del peligro; tiene sentido. Pero es que este peligro no es tangible, no puede matarnos; está dentro de nuestras cabezas.

Para seguir adelante tenemos que aceptar que el trabajo no se va a hacer solo; tienes que hacerlo tú. Aunque te dé vergüenza fracasar y aunque tengas miedo de no dar la talla. Para que pasen cosas, hay que hacer que pasen. Y soñar es muy fácil, pero para cumplir los sueños, primero hay que levantarse.

Una profesora me dijo una vez:

Cuando tienes que pasar por algo que odias, la mejor solución es aprender a amarlo. Tienes que aprender a amarlo.

Aprender a amarlo. Es el viejo dicho de “no hagas lo que ames, ama lo que haces”. Es saber que, ese lugar en el que estás, ese momento por el que estás pasando, es el momento en el que debes estar, y no otro. Lo mejor que puede pasar es que nos demos cuenta de que, si nos enamoramos del proceso, no necesitaremos alcanzar objetivos.

Es como lo que dice Ana, que cuando das lo mejor de ti ya has cumplido.

Homework

Parece que la felicidad tiene algo que ver con nosotros mismos y la forma que tenemos de vernos con respecto a todo lo demás. Yo creo que es así porque es lo que he vivido, pero igual tú no.

  1. Piensa en esos momentos en los que no ganaste, pero te sentiste como el rey del mundo. ¿Qué te pasaba por la cabeza? ¿Qué te pasaba por las tripas?
  2. ¿Tú qué opinas? ¿Crees que somos enteramente responsables de nuestra felicidad o puede pasar que estemos condenados a ser infelices?

Gracias por compartiros tanto y con tanto cariño; yo os leo con mucho.

——–

Capítulo IV —> CSF;S: IV. Cómo no tener miedo a ser feliz.

Igual también te mola