Cómo ser feliz; siempre: II. El cine nos ha puesto el listón demasiado alto con las malas rachas 5'

por Bor Cobritas 02/07/2014

CSF;S, responde a las siglas “Cómo ser feliz; siempre”. Es el título de una serie de posts en los que busco descubrir dos cosas: qué nos hace felices y qué evita que hagamos lo que nos hace felices.

En cada post, además, hay preguntas para responder, por si alguien quiere ir un poco más allá y ayudarme con este experimento.

¡Sé bienvenido! 😉

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Ayer hablábamos de todo eso de ser feliz y esas cosas. Pues hoy vamos a seguir.

Y vamos a empezar con una confesión: he tenido miedo y ha salido bien. Siempre, SIEMPRE que tengo vértigo antes de darle a “publicar”, pasan cosas buenas.

A decir verdad, no es muy agradable eso de tener náuseas y replatearte qué opinión tienes tú de ti mismo y qué pensará todo el mundo y si estás totalmente p’allá antes de darle a un botón. O qué leches, me encanta; es de esas cosas que hacen que la vida merezca la pena.

Pues sí, he vuelto a tener miedo y han vuelto a pasar cosas buenas. Concretamente, ha pasado mazo de amor por vuestra parte. Hacía mucho que no notaba tanta energía junta y se echaba mucho de menos. Gracias por ser tan majos y por favor, quedaos para siempre.

De los comentarios de ayer, me quedo (aparte de con las canciones de Palito Ortega) con dos ideas:

Por encima de todo problema se puede ser feliz. – Clara V

Para mí, la felicidad se encuentra tanto en apreciar las cosas que nos mueven y que nos motivan como en aceptar las cosas que no nos gustan como la tristeza y el dolor. Hay momentos en la vida en los que me hace feliz ponerme un poco triste por algo. Prefiero sentir emociones genuinas a pintarme una sonrisa, ya que parecería un payaso y los payasos son jodidamente aterradores. ”Disfruta” los momentos malos mientras planeas como salir de ellos,y nunca transformes el estar triste en apatía. – Liam

Con estas dos perlas, vamos a entrar de lleno en las malas rachas, los momentos difíciles, las épocas esas que “ojalá simplemente pasasen y ya pudiéramos estar en dentro de x tiempo”. ¿Venís?

Un sueño con demasiados detalles

A poco que tengamos sueños en la vida, todos tenemos una imagen más o menos definida de cómo queremos que sean esos sueños. Que tener una idea clara de qué queremos es clave para encontrar el cómo, pero a veces, la definición del qué puede ser un poco puta.

El otro día vi esto:

Y de repente, muchas cosas encajaron.

Según esto, si eres demasiado concreto con la definición de tus sueños, la expectativa puede matar la satisfacción de conseguirlo si la realidad no está a la altura. Y casi nunca lo está. Pues porque somos unos soñadores, claro. Y nos pensamos que esto de cumplir sueños consiste en quedarse dormido, cuando, para cumplir sueños, hay que despertarse y hacer que se cumplan.

El final boss

Todas las películas tienen uno. Ahí, grande, feo y con cara de mala leche, y justo al final. Cuando parecía que todo iba a salir bien, aparece el último obstáculo entre el protagonista y su objetivo. Hemos crecido con ellos, y lo que es peor, hemos crecido viendo cómo los protas se lo ventilan en 2 minutos y luego viven felices para siempre.

En la vida real, los final bosses tienen otra pinta distinta y se tarda un poco más de 2 minutos en terminar con ellos. Son momentos que comparten tres características:

  1. Son complicados
  2. Son aburridos
  3. Son la antesala de algo que anhelamos desde hace mucho tiempo

Son el último malo del videojuego (aquí el símil es bastante inmediato) el último examen antes de terminar la carrera, los preparativos de tu boda, el momento de empaquetar todas tus cosas antes de mudarte.

Ante estos eventos, yo, y muchos de vosotros (que os conozco, mangurrianes) entramos en un bucle bastante gracioso si se ve desde fuera:

  1. Nos ponemos súper nerviosos porque estamos a punto de conseguir eso que siempre hemos querido
  2. Hacemos una intentona chapuza de superar el hito en plan “esto está súper cerca, fijo que tengo suerte” (ey, en las películas se tarda 2 minutos y siempre hay una súper coincidencia de cosas guays que ayuda al prota a conseguirlo in extremis; es súper lógico)
  3. Nos sale como el culo
  4. Nos frustramos, lloramos, blasfemamos, despotricamos, apelamos que la vida es injusta y nos ponemos de morros
  5. Repetimos los pasos 2 a 5 hasta que…

En este punto pueden pasar dos cosas, pero eso lo veremos el próximo día. Ahora vamos a recapitular.

Resumen hasta ahora

Visto lo visto, parece que ser feliz está relacionado con la idea que tenemos sobre qué queremos de nuestra vida.

Somos seres humanos que tenemos un sueño y hemos trabajado muy duro para llegar al “final” de nuestro viaje. Entonces, de la nada, aparece un imprevisto con el que no contábamos. Como ya nos habíamos hecho a la idea de que habíamos llegado al final, intentamos esquivarlo en plan chapucero, apoyándonos en todas las películas que hemos visto de niños.

Obviamente, este esquive no nos sale bien y entramos en un bucle de frustración galopante causado por no haber conseguido nuestro objetivo y nos vamos a la mierda.

Deberes

El próximo día veremos alguna forma de salir del bucle maligno. Pero hasta entonces, os voy a poner tarea; dos preguntitas muy facilonas:

  1. ¿Qué opinas de esto? Esta es mi visión; tú podrías tener (y molaría mazo que tuvieras) otra
  2. ¿Te ha pasado esto alguna vez?
  3. Si la respuesta es sí, ¿qué has hecho para salir del bucle maligno?
  4. Si la respuesta es no, ¿eres algún tipo de ser mitológico? ¿Un unicornio? ¿Chuck Norris?

Porfa, contádmelo. Escribir esto mola mucho más cuando sé por dónde van vuestras cabecitas.

Muchas gracias otra vez a todos los que habéis compartido, comentado, likeado, retuiteado y sonreído. Esto es mucho más divertido cuando jugamos todos 🙂

¡Sed (un poco más) felices! 😉

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Capítulo III —> Guía práctica para cumplir tus sueños.

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Foto: Enlazada en imagen

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