Ventajas de que te crujan de vez en cuando 6'

por Bor Cobritas 11/02/2015

Ayer fui al osteópata. ¡Vaya crack! Mi espalda, digo, que me la dejó fina.

Él también es un crack. Se llama Marcos, y es como una especie de brujo inca, solo que vive en Molins de Rei, así que de inca poco, pero de brujo mucho.

La historia empezó el año pasado, que me dio una racha de estrés malísima, y se me enganchó todo al cuello. Entonces claro, yo iba todo el día con el cuello palomo y los hombros agarrotados (y huelga decir que con una mala leche intensa). Luego la cosa fue a más, la tensión terminó por contraerme la faringe y me costaba hasta tragar.

Voy a contarte un secreto: soy un poco hipocondríaco de narices, y en cuanto vi que la cosa se estaba poniendo así de fea, mi reacción fue clara: “¡¡DIOS MÍO, TENGO CÁNCER Y VOY A MORIR!!” En fin, cosas mías.

Fui a un montón de médicos y la respuesta fue la esperada:

No te pasa nada grave, así que sigue con tu vida; y estira mucho.

Lo que tiene ser hijo único es que no me valía ninguna respuesta diferente a la que yo quería. ¿Que qué respuesta quería? Chico, ni idea; por eso la estaba buscando (hijo único petardo total; ahora ya entiendes un poco más a mi madre).

Así que allí estaba yo, con mi cuello, mis estreses, mis paranoias y mi necesidad de atención, hasta que una colega me recomendó a su osteópata. Esos tipos tienen fama de tratar el cuerpo como un todo, cosa que me llamaba tremendamente la atención. Pero lo más importante es que parecía que el tipo iba a hacerme caso, y yo quería que me hicieran caso, así que…

Cállate y toma mi dinero

El psicólogo que escuchaba con las manos

Y allí estaba yo, como un chaval de 12 años a punto de su primera cita, muuuy nervioso y súper ilusionado porque este tipo iba a darme la respuesta y la pregunta a la vez, e iba a ser todo súper fácil y además me iban a crujir la espalda, que mola mazo.

Desde que entré, Marcos no dejó de mirarme y escuchar mi historia hasta que consideró que sabía lo suficiente. Entonces me tumbé en la camilla y me dejé hacer. Porque para estas cosas, donde no sabes dónde termina lo físico y empieza lo psicológico, lo mejor es confiar en el tipo que te las hace.

Había momentos en los que se pasaba minutos con las manos apoyadas en la tripa o en el cráneo, y tú sentías como si te fundieras por dentro. En otros, te retorcía y escuchaba un ¡CATACRACK! y yo empezaba a partirme de risa (es que me hace gracia que me cruja, ya ves). Mogollón de fe en el proceso.

Una hora después me había desbloqueado dos vértebras, desrotado la ilíaca después de hacerme nosequé en un riñón, relajado el diafragma y desrotado el cráneo (porque eh, que el cráneo tiene articulaciones, tócate los cojones pies). Yo creo que hasta me hizo la digestión.

De camino a casa me iban crujiendo cosas y estaba como un poco desorientado por la nueva orientación de mi cabeza (que me habían desrotado el cráneo, ojito). Era ese feeling de que mi cuerpo se estaba recolocando por sitios nuevos y que en cualquier momento se me cayera una pierna o se me desmontase la cadera. Mazo de miedo.

El aikidosteópata

La medicina tradicional defiende que las tensiones se quitan estirando. Que si algo está agarrotado, tú tira, que seguro que se desagarrota. Y yo siempre me decía… que digo yo, que si están tensos será por algo, ¿no? Habrá algo más allá de la tensión que provoca esa siuación, y por mucho que lo estires, tiene sentido que luego se vuelva a tensar con el tiempo.

Esto es como las tensiones emocionales, que lo más lógico es decir que, si te tira para un lado, tú tires hacia el otro que así se pasa.

Marcos hacía todo lo contrario. Si una pierna estaba muy rotada hacia la derecha, él me hacía empujar en esa dirección contra su mano con todas mis fuerzas; hasta que la quitaba de repente y mi pierna se encontraba empujando la nada con mogollón de fuerza.

“Esto es como si tú estuvieras al borde de un escalón y yo quisiera evitar que te cayeras. Como pesas más que yo, si intentase tirar de ti, nos iríamos los dos al suelo, ¿verdad? Sin embargo, si te doy un empujoncito hacia el vacío, ¿tú qué haces? Te da un espasmo, haces como ‘¡¡eyeyeyuyyyy!!’ y vuelves a tierra, sano y salvo.”

Si empujas la nada con todas tus fuerzas, espontáneamente aparece una fuerza dentro de ti que tira en sentido contrario con más fuerza todavía y evita que te caigas. Y así compensas tensión con la misma tensión aplicada en sentido contrario y todo se equilibra solo.

Trucos para lidiar con el estrés

Luego estuvimos hablando del estrés; de que, al final, es el origen de todas estas tensiones. Comentamos varios métodos, y al final me soltó la perla:

“Al final, cada uno tiene que encontrar sus formas de vaciarse. Como que la vida viene con mucha agua, y tú tienes que hacer todo lo posible por vaciarte antes de que vengan las olas.”

Como los chorrazos de la vida del mindset. No podemos reducir el flujo de chorrazos que nos vienen, solo vaciarnos, o flexibilizar nuestra bolsa para poder guardar más. Que no es lo que te pasa, sino lo que haces con ello.

Lecciones aprendidas

  1. A veces, lo único que queremos es que alguien nos escuche y nos haga caso.
  2. Si alguien te va a ayudar, ponte en sus manos y ten fe ciega. Al fin y al cabo, para eso has ido, ¿no? Para que a ti te hagan; así que confía.
  3. La mejor forma de que las cosas funcionen es creérselas a muerte. Igual no valen ni para una mierda, pero solo con el placebo muchas veces ya vale.
  4. Para vencer una fuerza, puede que la solución no sea tirar en contra, sino empujar un poquito a favor y dejar que cosas pasen. Pero tú empieza tirando, no vaya a ser que se mate alguien.
  5. Para poder llenarse, primero hay que vaciarse.

Como ves, que te crujan, sienta muy bien de vez en cuando.

Igual también te mola