Mírate al espejo. ¿Te gusta lo que ves? 5'

por Bor Cobritas 01/09/2015

Espejito

Dicen que todas las mañanas deberías mirarte al espejo y encontrarte cara a cara con la persona que quieres ser. Si no porque lo eres, porque ya estás en ello, y si no estás en ello, porque te has dado cuenta de que no lo eres y te vas a poner a ello. Es una cuestión de actitud hacia la excelencia.

Lo que nunca te dicen es qué hacer cuando te levantas por la mañana, te miras al espejo, te descubres cara a cara con la persona que querías ser y ves que no era esa. Ay, qué marrón.

Un tío como yo, que se toma el lujo de andar dando consejos sobre desarrollo personal, se supone que debería vivir a la altura del ejemplo que predica; pero no. Más bien es todo lo contrario: un desastre de persona que vive en una ciclotimia constante entre insatisfacción y nihilismo existencial, y euforia absoluta y adoración incondicional a la vida; y todo esto tratando de buscar la respuesta.

En fin, que buscando cosas nunca las encuentras a la primera, y eso en el currículum, pues queda feo contarlo.

La realidad de cada uno: el taquillazo

Escuché por ahí una vez que todos tenemos la responsabilidad de mostrar nuestra visión única de la realidad; si no, sería un desperdicio de perspectiva. Así, los demás tendrán la oportunidad de asomarse al mundo desde la ventana de nuestra consciencia, y viceversa. Un “yo lo veo así, a ver si te mola. ¿A ver cómo lo ves tú?”

De un tiempo a esta parte, me he ido dando más cuenta de que el verdadero valor de ese “mostrar el mundo a través de tu consciencia” no está tanto en la satisfacción brutal que da saberse escuchado (aunque mi ego sigue intentando disuadirme de eso), como en tener a tu disposición todas las realidades de los demás. Como que el hecho de que yo enseñe mi realidad anima a los demás a que ellos enseñen la suya. Y eso es lo que le da valor a la experiencia: el tener a tu disposición todo un abanico de perspectivas para vivir la realidad desde todos los puntos de vista posibles y así darle más matices a la tuya propia, y así hasta el infinito.

Que al final tú te ves reflejado en tu interacción con los demás, y con ese feedback, puedes tirar p’alante para ser un poquito mejor todos los días.

Ligeras contradicciones

El problema llega cuando vas todo orgulloso con tu visión de las cosas y te chocas de frente con una realidad que invalida la tuya; y entonces parece que las dos realidades no pueden convivir y empieza la pelea a muerte por ver quién tiene razón. La gente maja dialoga, pero yo, que soy como soy y que me tengo en tan alta estima, me pongo en modo bulldozer y arraso con todo lo que se pone a mi paso sin mirar atrás.

Si vas a aprender algo de este post que sea esto: no seas como yo en este aspecto.

Ponerse así de talibán con las creencias de uno es, en cierto modo, lógico. Al final, nuestra visión de la realidad se sustenta en una serie de valores y concepciones que, a fuerza de familiaridad, terminamos por incluir como parte de nuestra identidad más profunda. Como la típica humedad de tu cuarto que siempre está ahí y a la que terminas por cogerle cariño.

Y entonces claro, si alguien amenaza a esos valores y concepciones, sentimos como si nos estuvieran atacando a nosotros directamente, y jode. Que luego no es así, pero aún así nos ponemos farrucos porque ole yo.

Forever learning, bitch

Para mí, la esencia de lo que somos no está tanto en el contenido como en el continente. Nos define más nuestra capacidad de alojar conocimiento, creencias y sentimientos que el conocimiento, creencia o sentimiento concreto que tengas en ese momento. La capacidad de aprender frente a lo aprendido.

Que no es tanto lo que veas, sino la capacidad de exponerte a formas nuevas de ver, de analizarlas, de cuestionarlas, de cuestionar las tuyas, y luego quedarte con lo bueno y mandar a paseo lo malo. Sobre todo la parte esa de cuestionar las tuyas, y especialmente para nosotros, ególatras domingueros. Porque al final, en esta vida no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta.

Espejito espejito… ¿quién es el más egocéntrico del reino?

Una de estas mañanas me miré al espejo y vi a un tipo que no vivía por los ideales que predicaba, que no hacía ni puto caso a todo esto que está aquí arriba escrito. Uno que se había estancado en un punto concreto de creencias e historias y que bloqueaba sistemáticamente cualquier opción distinta a la suya. Uno que no escuchaba por miedo a descubrir que estaba equivocado y por tener que comerse el consiguiente marrón de admitir sus propios errores. Uno que encima se jactaba de hacer las cosas bien.

Hay por ahí una teoría de que procrastinamos más cuanto más amenaza la actividad a nuestra identidad. Pues creo que yo llevo una buena temporada procrastinando ser humilde y escuchar lo que otros tengan que sugerirme.

Así que hoy, me voy a jactar de que no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo, voy a pedir perdón de antemano por no hacerme ni caso, y voy a darle a “publicar” esperando que alguien lea esto y no le pase lo mismo que a mí. Y así hoy dormiré tranquilo habiendo sido un bonito contraejemplo.

Hala, nanit.

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Foto: Oiluj Samall Zeid

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