Fetén 1'

por Bor Cobritas 31/10/2015

Selfielosófica fetén

Llegar a Madrid es una metamorfosis, siempre a tiempo. Fetén, un canteo, una movida mazo de guapa. Un «hoy me vuelvo pronto», pero que no. Un «perdona, que me he liao». La maldita sensación de que el tiempo no envejece las cosas buenas, sino que las madura.

Fetén, un canteo o una movida, pero siempre mazo.

También es sentarme en el suelo de los vagones del metro de la línea 8. Es la típica cosa que te preguntas hasta cuándo podrás hacer sin que los chavales de los asientos de enfrente te miren con la condescendencia con la que miran a Peter Pan más allá de Disney. La típica cosa que durante muchos años ha significado la dulce (de) derrota del final del día, o la calma que precede a la tormenta de «una caña y lo vamos viendo». En el suelo de los vagones de la línea 8 del metro, sonrío como un gilipollas privilegiado del punto de vista de la inferioridad. Un gilipollas, un chulo de mierda, un golfo con cariño, un absoluto desastre; un yo.

Un gilipollas con ganas que sabe desde ya que todo irá bien; o bueno, perdón, fetén.

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