La mejor fruta para aprobar exámenes, conseguir aumentos, y tener más tiempo 5'

por Bor Cobritas 25/11/2013

Pomodoro

El tomate.

Sí, es una fruta. Y sí, además de estar muy rico en asados y ensaladas, ser un remedio estupendo para la resaca, mejorar el moreno, proteger contra las quemaduras del sol (ingerido, no untado, melones), formar parte del 70% de salsas deliciosas para pasta y travestirse de tanto en cuando para darle su toque personal a las hamburguesas del mundo entero, aparte (respirad), es lo puto para rendir más y mejor. ¿Cómo?

Con la técnica pomodoro.

Y no, no es la última dieta milagro (de mierda) para perder 800 tallas en 3 minutos. Ni eso, ni consiste en hacer ensaladas kilométricas de tomate con cosas, así que deja en paz al frutero, cancela el pedido de 200 kg a tu proveedor andaluz y deja volver a tu compañero de piso, porque no te va a hacer falta su habitación para guardarlos.

El método

La Técnica Pomodoro es muy simple. Consiste en dividir los tiempos de trabajo en pomodoros, bloques de 25′, separados por descansos de 5′.

Después, se siguen alternando pomodoros con descansos hasta que se han hecho 4 pomodoros de 25′. En ese momento, se toma un descando un poco más largo, de entre 15 y 30′ y se vuelve a empezar.

La dinámica queda como sigue:

  • Trabajar 25′
  • Descansar 5′
  • Trabajar 25′
  • Descansar 5′
  • Trabajar 25′
  • Descansar 5′
  • Trabajar 25′
  • Descansar 20′
  • Volver a empezar

Solo hay una condición: Los pomodoros no son fraccionables. Cuando empiezas uno, hay que terminarlo.

Y claro, si no lo terminas, no cuenta. Y si no cuenta, no llegarás al óptimo diario y serás una nenaza improductiva; y feo

Ajuste fino

Empecé a utilizar los pomodoros para escribir mi proyecto final de carrera. Funcionó genial, y desde entonces no he parado. Desde entonces, he visto cosas y se me han ocurrido algunos consejos para seguir jugando cuando la rutina se apodere de vosotros.

  • El bloque mínimo de trabajo es de 2 pomodoros (1 hora). El funcional, de 4 pomodoros (2 horas). El óptimo, de 12 pomodoros (6 horas). El máximo, de 16 pomodoros (8 horas y muerte cerebral)
  • Los pomodoros funcionan genial en en tareas largas, solitarias, intelectualmente demandantes y difícilmente fraccionables (como leer un tocho, resumir un tocho, escribir un tocho, programar un tocho…)
  • Descansa. En serio, haz los descansos. Puede parecer imposible que nos apetezca más trabajar que descansar, pero es cierto que hay veces que, cuando estamos muy metidos, dan ganas de no parar “para no perder el flow“. Pues bien, la experiencia me dice que ese superflow dura unos 30 segundos nada más. Por contra, si apuntas en un post-it por dónde vas, descansas y vuelves, el flow reaparece al minuto y se queda un rato laaargo largo
  • Si te atascas en un pomodoro, déjalo estar. No todo en la vida van a ser victorias y hay momentos en los que uno, simplemente, no puede más
  • No utilices pomodoros en brainstormings, mapas mentales ni otras tareas creativas. Es el equivalente intelectual a poner un timer mientras echas un polvo (¿más de 25 minutJAJAJAJJAJA!)
  • Como cronómetro podéis usar el de la cocina, el del móvil o uno específico. Da igual cual. El caso es usarlo

(Bonus) Las Crónicas de Supertomate

Seguro que os pica el gusanillo de saber cómo surgió esta maravillosa técnica. Pues bien…

Esto era un italiano loco, Francesco Cirilo (France, para los amigos) que intentaba estudiar en su casa. Era verano, hacía calor, las minifaldas encogían como las noches y los escotes se alargaban como los días. La ventana de France daba a una piscina y él tenía un examen al día siguiente.

Había que estudiar, y no había manera. Lo había intentado todo. Desde el “me termino este tema y me hago una paja” hasta el “Qué coño! Me hago una paja!” y nada, nada funcionaba. Las horas pasaban y France empezaba a vislumbrar en los pechos de la vecina la redondez de la nota de su examen. Parecía abocado al fracaso.

Hasta que de repente, su madre, muy cocinillas ella, llamó a la puerta diciendo:

-¡Cariño! Tengo que ir a hacer un recado. ¿Te importa sacar el asado cuando esté listo dentro de 25 minutos? Toma, te dejo el temporizador, y cuando suene lo apagas.

Su madre cerró la puerta y le dejó, cara a cara, con aquel temporizador de plástico rojo con forma de tomate que hacía tic-tac. Era un sonido relajante, como hipnótico. Se sentía a gusto con él, y decidió aprovechar y seguir estudiando hasta que terminase el asado.

¡¡RIIIIIINGGGG!!

-¿Ya? ¿De verdad? – Dijo, asombrado. – ¡No me lo puedo creer! ¡Se me ha pasado volando!

Bajó a apagar el asado, abrir la bandeja del horno y beber un poco de agua. Estaba fascinado de lo fácil que le había resultado estudiar durante ese tiempo y no sabía por qué. Necesitaba desesperadamente aprobar ese examen y tenía que replicar los resultados, así que metió otra pata de jamón en el horno y volvió a su cuarto a poner el temporizador.

Ocho asados y todo un temario después, France estaba listo para su examen, y su madre, encantada por la cantidad de amigos que iba a invitar a cenar. La técnica era tan buena que France la bautizó como “La Técnica Porco” en honor a los asados y así pasó la mejor convocatoria de exámenes de su vida.

Al poco tiempo, un día en el que France se olvidó de encender el horno, se dio cuenta de que el secreto no estaba tanto en la carne que se cocinaba como en el tiempo que dedicaba. Decidió rebautizar su método, y como el temporizador tenía forma de tomate, lo llamó “La Técnica Pomodoro”.

Bueno, me la acabo de inventar. ¿Pero a que era entretenida?

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