La ley de Parkinson, o por qué siempre te dejas algo al hacer la maleta 4'

por Bor Cobritas 26/11/2014

El tiempo es tan elástico como motivos tengas para terminar algo. El señor Parkinson ya se dio cuenta de esto y aprovechó para enunciar una ley que a más de uno nos ha salvado de suspender más de un examen.

Tiempo.zip

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Cuando haces la maleta para irte de viaje, siempre se te olvida el cepillo de dientes, el cargador del móvil o la ropa interior. No importa cuanto tiempo le dediques, siempre te vas a dejar algo.

Fascinante, ¿verdad? Es la elasticidad del tiempo; uno de esos misterios de la naturaleza que no dejaba de sorprenderme, hasta que un día me enteré de que tenía nombre: La Ley de Parkinson.

¿Qué es eso?

El enunciado más conocido de la Ley de Parkinson dice que…

El trabajo siempre se expande hasta ocupar todo el tiempo que se le ha asignado.

Como los gases, que se expanden hasta ocupar el recipiente que los contiene, pero sin formulita guay.

Esto significa que nunca te va a sobrar tiempo. Siempre podrás revisar el formato, embellecer los pies de página, dar un último repaso, ampliar información, revisar las fuentes, hacer otro chequeo, etc; pero nunca nunca terminarás algo antes de que termine el plazo. Será que te sientes mal no mejorando el resultado hasta la saciedad; o no teniendo la sensación de que te estás esforzando y, por tanto, mejorando el resultado final.

A mí siempre me pasa la segunda y encima me sale mal; anda que no la habré liado en exámenes por “dar un último repaso”.

¿Cómo funciona?

Funciona porque, bajo presión, nos volvemos supereficientísimos de la muerte.

Esta ley está muy relacionada con el mamoneo humano, la importancia percibida y la ley de Pareto. Como somos gente vaga, normalmente le daremos más o menos importancia a lo que tengamos que hacer en base al tiempo que se le haya asignado (nosotros o nuestros jefes / profes). A más tiempo asignado, más importancia.

Entonces, cuando percibimos algo como importante, da igual si hemos terminado; como no se haya cumplido el plazo, nos creeremos que tendríamos que estarle dedicando mogollón de tiempo y esfuerzo todo el rato. En plan: “copón, es que si me han dado dos semanas para hacerlo, ¡será que se tarda dos semanas y que se me está escapando algo!” Y nos liamos a hacer cosas y cosas y más cosas que no son tan útiles para justificar esa importancia percibida en lugar de centrarnos en lo importante. Y así se nos van las horas.

Sin embargo, cuando pasa lo contrario y el tiempo apremia, nuestro cerebro se convierte en una máquina de optimizarlo todo.

Ahora ya entiendes cómo te salían tan bien aquellos exámenes que te mirabas en dos tardes intensas.

¿Para qué sirve?

Para forzarnos a ser más eficientes poniéndonos límites temporales más estrictos.

De esta forma, obligamos al cerebro a centrarse en hacer solo lo importante y en hacerlo bien. Se tarda muchísimo menos y muchas veces el resultado es mejor porque no da tiempo a dispersarse y liarla con detallitos absurdos.

¿Tiene algún problema?

Es agotador. Por suerte, puedes dedicar todo ese tiempo libre para descansar y rascarte la barriga. También puede pasar que te vengas arriba, realmente le dediques demasiado poco tiempo a una tarea y sea un desastre, pero bueno; eso que aprendes para la próxima vez.

Que el tiempo es elástico, pero no tanto, copón.

Modo de empleo:

Algunos ejemplos de uso, aparte del obvio “ponte límites de tiempo pequeños” son:

  • Empezar a hacer la maleta cuando falta un cuarto de hora para irte. Empieza metiendo dinero, documentación, ropa interior y cargadores y todo irá bien.
  • Estudiarse los exámenes en el mínimo tiempo posible. Esto lo hemos hecho todos, a todos nos ha salido bien y de hecho, Bill Gates lo recomendaba encarecidamente.
Bill Gates recomienda estudiar los exámenes tarde

Ese Bill, cómo mola

  • Utilizar la técnica pomodoro.
  • Trabajar con el portátil desenchufado y forzarse a terminar antes de que se apague. Esto es especialmente divertido cuando el ordenador es viejo y la batería dura menos de media hora.
  • Colocar la compra según entras por la puerta de casa mientras te meas a lo más grande. IN-FA-LI-BLE.

Ahora ya puedes explicarle a tu madre con base científica por qué no estás estudiando.

¿Qué te ha parecido? ¿Se te ocurren más formas de aprovechar la maravilla esta? ¿Has probado a hacer cosas meándote?

¡Disfruta!


Para saber más:


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