Guía de supervivencia para artistas: Las 9 fases del proceso creativo 7'

por Bor Cobritas 28/01/2015

Crear cosas mola; mucho. Pero no es gratis.

El proceso de crear cosas es un dolor de cabeza de puro desorden, cambios de humor, dudas y mogollón de sensaciones muy fuertes; eso y mucha incertidumbre. Pero la resaca que te deja bien merece la borrachera de sensaciones.

Llámalo masoquismo, o exceso de tiempo libre. Si no lo pruebas, no lo vas a entender, y en cuanto lo pruebas una vez, ya te vuelves adicto de por vida. Y si crees que esto no es para ti, noooo te creas… de hecho, los programadores, científicos, ingenieros, periodistas, cocineros, estudiantes y todo el mundo que haya hecho algo desde cero pasan por las mismas penurias.

Porque, en el fondo, todos somos artistas.

Guía de supervivencia para artistas

El caso es que, cada vez que empiezas algo nuevo, te planteas la misma pregunta:

“¿¿¿Pero quién me manda a mí meterme en estos embolaos???”

Pero tú tranqui, ¡que estás hecho un artista y puedes con ello! Solo tienes que pasar las 9 fases del proceso creativo:

1. Locura inicial

Esto es cuando se te ocurre una idea cojonuda y te das cuenta de que estás ante el próximo Google. Normalmente, esta primera apreciación es totalmente falsa, y se debe a que has tomado una de dos:

  1. Mucho café
  2. Mucho alcohol

De todas formas, lo normal es que todas las ideas se conviertan en algo totalmente distinto a lo que empezaron siendo, por lo que seguir adelante siempre es una buena opción “a ver qué pasa”..

2. Repechito de realismo

Aquí empiezas a ver las trabas, que pueden ser de 4 tipos:

  1. Tecnológicas: no tienes ni idea de cómo hacerlo.
  2. Temporales: no tienes ni idea de cuándo vas a hacerlo.
  3. Financieras: no tienes ni idea de cómo vas a pagarlo.
  4. Conceptuales: no tienes ni idea de qué quieres hacer en realidad y/o te das cuenta de que ya está inventado.

Si consigues pasar por encima, empiezan a pasar cosas divertidas.

3. El “ya lo vamos viendo sobre la marcha”

Entonces decides tirar p’alante pase lo que pase, porque yo qué sé… seguro que ya se te ocurre algo, y que total, intentarlo es gratis (que en realidad no, pero eso te crees tú y tan feliz).

Y este es el momento en el que empiezas a desarrollar superpoderes solucionaproblemas y resuelvemarrones y tu vida cambia para siempre.

4. El muro tecnológico

Esta es la primera toma de contacto con la herramienta de desarrollo, a la que nunca habías estado a menos de 20 metros de distancia y la cual supusiste que “no sería tan difícil de usar”. Puede ser un destornillador, un lenguaje de programación o un programa de edición de vídeo o música, y a partir de este momento va a ser tu nuevo mejor amigo y peor enemigo a la vez.

Prepárate para una buena tunda de tutoriales en YouTube, prueba y error, romper cosas, lesionarte, decepcionarte, sentirte el rey del mundo e invertir una cantidad desmesurada de horas en aprender a usar algo que ni siquiera sabes si al final vas a utilizar. Porque la mitad de las veces terminas haciéndolo de otra manera.

Si vas a trabajar con ordenadores, acepta un consejo: nunca se tienen demasiadas copias de seguridad.

5. Expertise en la herramienta, o “soy el puto amo”

Esto es como cuando aprendes inglés y te haces entender por primera vez en un bar lleno de borrachos irlandeses: te crees que eres el rey del mambo, pero en realidad no tienes aplicación práctica.

Una vez que te has hecho amigo de tu herramienta y los mensajes de error son como de la familia, ya sientes que estás en camino y que es cuestión de tiempo. En cierto modo es verdad, pero todavía te faltan unos cuantos ritos de paso antes del final.

Tú por si acaso guarda el proyecto y ponte un café.

6. On the road

La parte larga, tediosa y monótona (como el libro de Kerouac) de la que nunca nadie habla.

Los artistas y creativos hablan de la inspiración, de la preparación del entorno, de la forma de organizarse, de las anécdotas, de las crisis, de los momentos de euforia y de todo lo guay. Lo que no te cuentan es la toma que tuvieron que regrabar 30 veces, del párrafo que no se escribía, de las horas de investigación en biblioteca, de la tabla gigante de Excel que te dieron en pdf y hubo que pasar a mano, de repasar la tabla porque te equivocaste al pasar los valores a mano, de los 3 días perdidos por culpa de un “;” (programadores, high five), de las fotos que había que retocar, redimensionar y optimizar una por una, de esa vez que te picaste 500 líneas de código “para ver si funcionaba” y luego no sirvieron de nada, del tiempo ese que acecha y pasa sin preguntar, de irte a dormir y soñar con perder todas las copias de seguridad, de la 5ª vez que te presentaste a un examen y aún así no entendías ni los enunciados, de no dormir más de 5 horas al día hasta nuevo aviso, de estar hasta los mismísimos de repetir todo el rato lo mismo y no ver progreso… bueno, tú me entiendes.

De no verte más cerca del final.

7. El primer “¡¡¡FUNCIONA!!!”

¡Pero hey! Al final aguantaste y ya ves algo. “Algo”. Un resquicio de canción, una bombilla que parpadea, unos números que cuadran, algo de vida, un trocito de magia. Y joder, te animas. Incluso te crees que vaya a ser posible terminar y que termine bien.

8. Esto está costando más de lo que pensaba

De todas formas, siempre se vuelve al pozo, aunque sea un ratito. Porque dices “¿todo este tiempo y esfuerzo para este poquito?”

Y amigo mío, ese momento separa a los mortales de los semidioses. Si sigues adelante y tomas el café suficiente, conseguirás lo que sea.

9. La luz al final del túnel, y el túnel que atravesaba el campo de Oliver y Benji

Te agarras los machos y sigues con ello. Ahora con una perspectiva nueva: la de que lo vas a conseguir por los cojones. Y todo buen español sabe que no hay nada que no se consiga por los cojones.

Este es un estado de intensa concentración, amor/odio hacia el Universo y alto desempeño; además de un humor de perros. Así que cuidadito con lo que dices, porque igual te bufan.

Es que además lo ves. El final, ¡está ahí! No precisamente al alcance de tu mano, pero está ahí, al fondo, visible, y quieto parao. Vamos, que si das ese último empujonzote, llegas; un poco por los pelos y derrapando, pero llegas.

Ya no hace falta inspiración, ni café, ni palmaditas ni leches; tú vas a conseguir esto por los cojones (y he aquí una vez más la importancia de los cojones como estrategia motivacional en este, nuestro país).

En este punto te dan lo mismo los accidentes geográficos, la hora que sea y los “fatal errors” del compilador. Lo único que podría fallar sería si tu ordenador se desintegrase, pero en el paso 4 empezaste a hacer más copias de seguridad en Dropbox que cafés te has tomado y estás tan decidido a terminar que serías capaz de seducir a Carmen de Mairena solo para que te dejasen un ordenador para terminar.

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Al final terminas. Sí, parece una broma, pero al final llegas, y llegas con algo que has hecho tú y que al principio se te ocurrió que podrías hacerlo. Es marciano darte cuenta de que tienes una obra, y esa obra es la representación de esa idea que tuviste. ¡Y la has hecho tú!

Eres como un mago que ha sabido convertir un pensamiento en algo material; que has creado algo de la nada, vamos. Y te sientes súper orgulloso de eso que has creado, porque, en esencia, es tal y como lo habías imaginado.

¿Qué, te suena de algo? 😉


Foto: Ian Collins

 

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