Cómo ser un superhéroe: Las 4 capas de Superman 5'

por Bor Cobritas 23/02/2015

Superhéroe

Cuando éramos canijos y jugábamos a ser superhéroes, todos hacíamos lo mismo: nos poníamos capa. El método laborioso consistía en colgarse el abrigo del cuello y dejarlo caer por la espalda. Aquí, la tecnología iba desde los clásicos cordeles de la capucha (súper resistentes a los vaivenes del superhéroe, aunque un poco sofocante) hasta el clásico botón automático de clickclick (mucho más profesional y vistoso, pero mucho menos resistente a los cambios bruscos de dirección de vuelo.). Lo más chulo era que, una vez que teníamos la capa puesta, era cosa de levantar un brazo y echar a volar.

Luego crecimos y empezó a estar mal visto eso de ir con el abrigo sin las mangas metidas, por lo que muchos aparcamos la capa para siempre. Ah, y también dejamos de salvar al mundo todos los días.

Ahora que estoy más tullidito, pienso que cometimos un gran error. ¡El mundo necesita superhéroes! Alguien que libre a la gente de los supervillanos que acechan a la humanidad. Pero para poder salvar al mundo, primero tendremos que salvarnos a nosotros mismos. Ya no nos vale con la capa roja de Superman; ahora necesitaremos 4 diferentes para convertirnos en el superhéroe definitivo.

La capa azul, la física

La capa de toda la vida, el clásico. Esta capa te la ponías y automáticamente te crecían los superpoderes. Podías correr, volar, hacer el pino puente con los meñiques y dar volteretas mientras cantabas La Traviata. Era la capa con la que les dabas las palizas a los malos de 5 en 5 y no te despeinabas ni un poquito.

Cuando te haces mayor, esa capa consiste en estar hecho un atleta a tu manera. Igual no para ganar las olimpiadas, pero sí para subir las escaleras con la compra sin perder el aliento, tocarte las puntas de los pies con las piernas estiradas y sentarte derecho delante del ordenador. Un mínimo de fuerza, resistencia y movilidad como para poder vivir sin demasiados problemas.

Que el cuerpo es todo lo que tenemos para estar en el mundo, y digo yo que habrá que cuidarlo.

La capa amarilla, la mental

Esta es la capa con la que desbaratabas los planes de los malos. La de la inteligencia, la astucia y las buenas ideas. Con la capa amarilla, automáticamente te vuelves superinteligente y eres capaz de resolver cualquier caso detectivesco cagando leches y sin perder la cara de tío interesante. Es la favorita de James Bond.

La mejor forma de mantener la cabeza en forma es no parar de tener ideas. Ideas para un montón de cosas, por muy absurdas que parezcan; lo importante es que rulen las ideas todo el rato, y cuantas más mejor.

Mi truco se lo robé a James Altucher. Consiste en tener ideas de 10 en 10. Cuando tengo que decidir algo o buscar una solución a algún problema, no paro hasta tener 10 soluciones distintas. Aunque 7 sean absurdas, hay algo en saber que puedes ofrecer opciones a cascoporro que te hace sentir rematadamente bien.

La capa roja, la emocional

Todo buen superhéroe que se precie tiene sus amoríos y sus traumas infantiles. En serio, es que ninguno se libra, angelicos… Eso les hace tan imperfectos como a nosotros, y lo que les diferencia de los demás es su capacidad para admitirlo y no dejar que les influya para repartir mandobles entre los villanos.

Ser una persona emocionalmente estable pasa por ser valiente, conocerte, responsabilizarte de cómo eres, decidir cómo quieres ser, y ponerte a ello; con dos cojones. Saber estar en contacto con tus demonios para que cuando llegue el Joker no pueda usarlos en tu contra.

Que ya se sabe, que si te ríes de ti, los demás solo podrán reírse contigo.

La capa blanca, la espiritual

Los superhéroes luchan por un mundo más justo, y ese ideal de un mundo perfecto es lo que les empuja a salir a zurrar y que les zurren cuando podrían estar por ahí de copas y pasándoselo teta. Porque con superpoderes se tiene que ligar una barbaridad.

Yo creo que todos tenemos una parte que cree en cosas más grandes que nosotros, y no necesariamente religión. Cada uno tiene su propia película montada y es feliz con ello. Ya sea conexión humana, meditación, religión, el Universo… y está bien que tengamos esa parte y que la desarrollemos, porque creer en cosas increíbles nos hace hacer cosas increíbles.

Pero una parte nuestra, y de nadie más. Cada uno con la suya y sin molestar al resto. Como ya dijo un sabio:

La religión es como un pene. Está bien tener una. Está bien estar orgulloso de ella. Pero, por favor, no la saques en público y empieces a menearla. Y POR FAVOR, no intentes meterla en la boca de los niños.

Yo soy de los que creo que todos podemos cambiar el mundo a nuestra manera. Porque nunca sabes qué cosas que hiciste le influyeron a quién a hacer qué. Yo qué sé, igual le cambiaste la vida y no lo sabes.

Por eso, tenemos la responsabilidad de molar todo lo que podamos, y para molar mucho, tenemos que cuidarnos. Dedicarnos ratos a diario para poder estar listos para destrozar a cualquier supervillano que se interponga en nuestro camino: eso es lo que significa cuidar las 4 capas.

Que yo tengo mis 4 capas, y tú tendrás otras (y que por cierto, me encantaría saber cuáles son las tuyas); lo importante es que las desempolves y las saques a pasear y seas la pera limonera.

¡Vamos! ¡A trabajar! ¡Que tienes que salvar el mundo!

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Foto: Adaptación de “Superheroes”, de Tim Malabuyo

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