Motivos para tener un blog: Confesiones de un blogger neurótico que busca amigos 5'

por Bor Cobritas 15/03/2015

Motivos para tener un blog

Tener un blog mola mazo.

A mí me encanta, y tener este trozo de mi cabeza publicado me ha dado cosas maravillosas. Para mí, tiene tres ventajas gordas:

  1. Aprendo un huevo. Reflexionar activamente sobre lo que me pasa, sacar conclusiones, aprender de ello y ponerlo de forma que otros puedan leerlo y entenderlo, consigue que yo mismo lo entienda todo mucho mejor.
  2. Estoy más cerca de amigos que están lejos. La gente que ya me conoce, puede leer estas historias con mi voz (literalmente) y tener una especie de sensación de contacto lejano que hace más difícil separarse.
  3. Intimar con gente nueva es mucho más fácil. Cuando leo el blog de alguien a quien acabo de conocer y conecto con lo que escribe, ya siento como si le conociera de toda la vida; que en realidad no nos conocemos de nada, pero tenemos la confianza suficiente como para conocernos mucho más rápido. Me ha pasado en los dos sentidos, y chico, es bestial.

Tener un blog es un concepto un poco complicado y propenso a malentenderse. Visto desde un punto de vista puramente unidireccional, parte de la premisa de que tú, el blogger, tienes algo que contar, y que es lo suficientemente interesante y está lo suficientemente bien presentado como para que ellos, los lectores, quieran leerlo. Vamos, que te crees un tipo fascinante y que todo el mundo va a querer leer tus idas de olla.

Y a veces es un poco así, pero en realidad, para mí, esto de los blogs no tiene nada que ver con el narcisismo megalómano pasado de vueltas, sino más bien con compartir mis neuras y ver si también les pasan a otros.

Un blog… ¿pa qué?

Tener un blog va de escribir cosas y que te lean, pero que te lean bien. La cantidad de lectores, por sí sola, no vale ni para calzar la mesa de la cocina. Siempre es necesario una cierta calidad en esa interacción, y esa interacción con segundas personas es lo que le aporta valor a la experiencia de bloguear. Porque seamos sinceros, si quisiéramos escribir sin ser leídos tendríamos un maldito diario con candado (preferiblemente si es rosa y de hello kitty) y nadie sabría nada.

Una de las revelaciones que he tenido este año ha sido que todo lo que hago en esta vida busca conectar con otras personas. Ese proceso de dejarse ver, ser visto, sentirse comprendido por el otro y luego hacer lo mismo con él o ella; que se deje ver, ver, comprender y hacer que se sienta comprendido. Y después reírse y regocijarse en el milagro de la conexión humana, que es la hostia en patinete.

Esta voluntad de conexión también se transfiere a tener un blog. Al final, tú estás poniendo por escrito partes de tu cabeza brutalmente íntimas y muchas veces desconocidas para todo el mundo (a veces hasta para ti) con las ganas de que otros las lean y conecten con ello. Compartir neurosis con la esperanza de no ser el único loco y encontrar gente que esté tan loca como tú para que todos nos sintamos un poco menos solos en el mundo.

Realidad vs. Internet

¿Y por qué un pedazo de internet y no el cara a cara? Una cosa no quita la otra y cada una tiene sus cosillas.

El cara a cara tiene la espontaneidad y fugacidad que nunca tendrán las cosas escritas; los momentos que te llenaron de experiencias que nunca podrás entender del todo porque pasaron todas a la vez y solo pudiste absorberlas sin preguntarte cómo ni por qué. Lo malo es que necesita de dos personas con las neuras sincronizadas para que se les vaya la olla. Si a uno de los dos no le apetece ponerse a hablar de la vida, el amor y la muerte, deja de ser una experiencia cara a cara para convertirse en un pesado dándote la brasa.

La reflexión escrita es ese momento donde destilas las experiencias cara a cara e intentas darles un sentido. Lo bueno es que son análisis en profundidad de conceptos que tienes en la cabeza y llegan a un nivel de detalle que solo se puede alcanzar rumiando mucho los conceptos; es virtualmente imposible conseguir lo mismo solo hablando. Mola porque el lector puede leerlas cuando le dé la gana (si le da la gana).

La cara oculta del blogging

Lo malo de considerarme blogger es que, a veces, me lo tomo demasiado a pecho y me ofusco en que tengo que escribir más. Entonces, no es que escriba más, sino que pienso que tengo que escribir más, y me tuesto tantísimo que empiezo a obsesionarme con bloquear horas del día para escribir y al final termino no haciendo nada.

En estas rachas, me olvido de vivir para poder escribir, y me olvido de que no vale de nada escribir una historia si esta no tiene argumento. ¿Para qué escribir si no he vivido nada que merezca la pena ser escrito? Ahí tengo que recordarme que la parte importante es vivir y experimentar. Porque si no experimentas, te quedas sin cosas que contar y entonces empiezas a tener conversaciones raras, y a hablar del tiempo que hará mañana, y de la alineación del Madrid; y a mí es que no me gusta el fútbol.

Una ventanita para mirar

Un blog es como una biblioteca de libre consulta de un trozo de la cabeza del autor donde puedes entrar, cotillear a gusto y largarte sin dar explicaciones. Y si te gusta, siempre puedes ir al cara a cara a expandir conceptos.

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Foto: cuantohipster.com

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