Todos locos 4'

por Bor Cobritas 14/12/2014

Para tener la mente sana, hay que hacer una locura a la semana (como mínimo).

¿Qué tal andas? Sí, con los pies y por el suelo; yo también. Y qué pena.

¿Te imaginas qué guay sería andar con las orejas? ¿O con el culo? Y obviar el suelo para encontrar un mogollón de caminos que todavía están sin explorar. Y sentir esa adrenalina que viene con los principios; y un poquito de esa sensación de que la vida realmente está molando como tiene que molar.

Perspectiva Escher

Pues qué rabia que exista la gravedad y eso esté jodido. Por suerte, hay otra manera.

¿Qué tal piensas?

¿Con los pies y por el suelo; como todo el mundo? Porque, en el mundo de las ideas, no hay gravedad. O bueno, sí, está la gravedad del asunto, pero poco más. La gravedad del asunto, que es un tema de la importancia que le das tú a tus cosas, y que normalmente es como un miedo a qué opinarán los demás de esas ideas. Pero vamos, que aquí sí que puedes andar con las orejas, y con el culo, y hacer triples tirabuzones mientras vas subiendo por las paredes de la conciencia. Y te digo una cosa: es divertidísimo.

Los locos siempre son minoría

Ideas locas tenemos todos. Luego, algunos las decimos y otros tantos no. Los que somos minoría somos los locos, y los demás los cuerdos.

Cuando era un chavalito, no tenía demasiada autoestima. Esto quiere decir que el 80% de las cosas que pensaba, no veían el aire, porque “¿qué me dirán?”. Y yo callao como una perra, y esas ideas, por el retrete; y qué pena.

Porque claro, cuando venía un tipo que hablaba de sus ideas con pasión contagiosa me enamoraba hasta el punto de que el culo se me levantaba un poco de la silla mientras hablaba, y me encantaba, y yo quería ser como él, y luego dejaba de quererlo cuando veía cómo los demás le juzgaban a machete.

Imagíname, medio levantado y meneando la pierna nervioso; con los ojos brillantes y un poquito temblando. Estaba pensando “se puede; se puede; se puede. Este tío está siendo él y mira qué igual le da todo.” Igual estaba hasta un poquito cachondo, mira lo que te digo.

Luego el loco se iba y el resto de la gente se ponía a criticarle por decir tonterías, o por no tener ideas realistas, o por ser un soñador, o porque “qué tío más raro”. Que al final yo creo que todo tenía que ver con que pensaba diferente a ellos y se sentían incómodos.

Cordura es como una cuerda dura. La jodía ata y aprieta

Ahí me paro a pensar si esa incomodidad es más bien una proyección del miedo a salir de su zona de confort, y cambiar para bien, y tener ideas así de locas. Porque yo alguna vez he pensado:

En cuanto uno tenga ideas locas y salga de su zona de confort, algunos se irán detrás, y en cuanto unos cuantos vayan detrás, luego tendremos que ir todos; y chico, qué pereza pensar a lo grande, hacer cosas nuevas y conseguir cosas maravillosas y desconocidas. Así que mejor vamos a pararles los pies a los locos, que así estamos bien. – Mi Yo más “meh” y coñazo.

Sinceramente, espero que nadie haya pensado como pensaba yo antes. Y me quedo con las ganas de saber si esos cuerdos querrían estar tan locos como las ideas que nunca dijeron. Por suerte, nunca es tarde para volverse tarumba.

Los locos son los cuerdos

Yo creo que si nos volvemos todos locos, los locos serán los que no lo estén.

A mí, por suerte o por cabezonería, al final me pudo la curiosidad y aquí estoy, diciendo ideas locas; y nunca me ha ido tan bien.

Desde entonces he conocido a gente maravillosa y me han pasado cosas maravillosas. Solo por hablar de mis ideas locas. ¿Y sabes por qué creo que es? Creo que esas ideas locas son la expresión más real de nosotros. Por eso nos da miedito decirlas en voz alta, porque en cuanto las juzguen nos estarán juzgando a nosotros, y que nos hagan daño no nos mola.


Foto: MC Escher

Igual también te mola