Tres veces son tradición 2'

por Bor Cobritas 17/05/2018

Este 15 de Mayo, ha sido el tercer año que vamos a la pradera de San Isidro vestidos de chulapos. El primer año lo hicimos porque nos hacía gracia; el segundo, porque había que repetir; y este, porque ya es tradición.

Me hace pensar en cómo el tiempo legitimiza los actos repetitivos solo por el mero hecho de acontecer, y cómo la diferencia entre voluntad y dejadez marca la distinción entre vivir una vida que has elegido o dejarte arrastrar en la de otros. Cada momento podemos elegir entre hacernos responsables de lo que queremos, ponernos incómodos y mover el culo en esa dirección, o seguir negándolo y quedarnos quietos esperando a que alguien nos dé las cosas hechas.

Si lo piensas, es una gilipollez creer que todo lo que deseas va a pasar mágicamente sin tú mover un dedo. Sobre todo porque muchas veces ni siquiera lo sabes, y lo que quieres es que llegue otro y lo piense por ti y te dé un mapa con las instrucciones y así llegues rapidito y sin perderte. Pero para darse cuenta de eso hay que empezar a pensar en qué esperas de la vida y por qué haces lo que haces, y cómo lo haces.

Y eso es una movida, así que optamos por no decidir y dejarnos llevar por el estado por defecto. La primera vez, porque es lo más cómodo; la segunda, porque no queríamos pensar; y a partir de ahí, porque ya es tradición: una por omisión.

Se me ocurre que podríamos empezar a confiar en nuestras propias gilipolleces y hacer algo con ellas. Seguro que es incómodo, pero seguro que queda algo chulo. Por lo menos algo que hemos elegido nosotros.

La primera vez será raro porque nadie lo entenderá; la segunda, nos mirarán con condescendencia; la tercera, querrán haberlo hecho ellos, porque ya será tradición: una que no es suya.

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